Sonreír nunca se nos hizo fácil a ninguno de los dos, quizá a mí más que a Nozomi.
Su nombre significaba esperanza, y eso es justo lo que me dio.
Cuando nadie podía amarme, llegó ella, y, por Dios, lo puso todo patas arriba.
-aerhyan | 2019
—Nozomi, despierta —susurró el Uzumaki dulcemente—. Hazlo por mí. —Apretó un poco más la mano de la chica.
—Naruto, deberías salir de aquí ya, se ha acabado el horario de visitas —dijo Sakura, mirando con tristeza al rubio.
—Ella no merecía esto. ¿Por qué le tuvo que pasar? —preguntó Naruto, mirando a la de ojos verdes mientras los suyos propios se llenában de lágrimas.
—No lo sé, nadie lo sabe —respondió, apartando la vista de su amigo. Era incapaz de saber qué pasaba, pese a ser médica, no tenía ni idea de cómo salvar a su amiga.
—¿Por qué no podéis hacer nada por ella? —cuestionó Naruto, que todavía no entendía por qué un hospital entero no sabía qué hacer con su mujer.
—¡No lo sé! ¿Estás contento? Tsunade y yo hemos trabajado codo con codo con Hinata y Hanabi para saber qué está mal con ella... Siquiera su Byakugan ha encontrado algo. Deja de echarnos la culpa, madura, Naruto. Hasta los profesionales tenemos un límite —explicó la Haruno. Él apretó la mano de su esposa.
—Lo siento... Ya me voy... —dijo Naruto, soltando la mano de Nozomi, y salió de la habitación.
Naruto siempre quiso que Nozomi supiera que había conseguido su sueño, que había logrado lo que más ansiaba en este mundo: se había convertido en Hokage. Desgraciadamente, no se había dado cuenta de que lo que verdaderamente quería era que ella estuviese a su lado durante el proceso hasta que la perdió.
Pero Naruto aún tenía esperanza, sabía que Nozomi despertaría. Porque, aunque la vida de la mujer no había sido un camino de rosas, siempre había sabido levantarse. Y él no dudaba en que esa vez no sería diferente. Y él la esperaría toda la vida si hiciera falta.
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