Ochenta

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ADVERTENCIA: Descripción de actos sexuales.

OCHENTA

Pete peleaba por arrancarse la ropa, el calor era tan sofocante que podía sentir a sus neuronas derretirse, el rugido del motor del auto lo mantenía parcialmente consciente de lo que sucedía fuera. Tres cosas eran claras para Pete en ese momento: fue drogado, entró en celo y, Vegas lo rescató.

―Llegaremos pronto― escuchó a su esposo decir con ese tono grave y oscuro que anuncia el último esfuerzo antes de ceder al deseo y la pasión.

―Mi amor― jadeó Pete tomando la mano del Alpha que descansaba sobre la palanca de cambios ―Estoy tan caliente...

―¡Joder Pete!― gritó Vegas apartando la mano para pegarle al volante con furia ―Estoy al límite.

Pete, asustado, se echó a llorar por la forma en que Vegas reaccionó, su llanto tan impregnado de sentimiento y feromonas hizo que el Alpha estuviera a punto de estrellarse por causa de la culpa y del remordimiento.

―Bebé, amor... no llores, no llores cariño, solo un poco más y te atenderé como mereces― intentó consolar Vegas aprovechando un semáforo en rojo para comerle la boca a Pete en un beso jugoso y profundo.

Pete se quedó añorando más contacto cuando el beso terminó, quería seguir bebiendo de esos labios que conoce tan bien y sobre todo, añoraba ser comido hasta el tuétano por esa bestia salvaje que dice ser su esposo.

Pronto, Vegas estacionó frente a una pequeña casa en medio del bosque. Sin importarle nada más tomó a Pete entre sus brazos y lo llevó al interior, tras cerrar la puerta se unieron en un nuevo beso hambriento, las lenguas se frotaban y la saliva resbalaba lubricando la piel del mentón del Omega, las manos del Alpha apretaban las nalgas de su esposo con fuerza y de paso, rasgaban sus pantalones para abrirse paso hasta su objetivo, la jugosa y palpitante entrada de Pete.

Las feromonas asfixiaban el aire en ese lugar, el parche hace mucho que cayó del cuello de Pete permitiendo que la glándula deje escapar con libertad el adictivo aroma natural del Omega. El cuerpo de Pete temblaba con cada caricia y beso de Vegas, podía sentir la urgencia de su instinto, necesitaba montarse sobre la verga dura y gruesa de su esposo, cabalgar hasta que el placer sea tanto que la deliciosa leche se derrame en su cavidad genital interior.

―Mierda Pete― jadeó Vegas arrancándole por completo los pantalones a su Omega ―Tu agujero me está reclamando, debo hacerlo... necesito hacerlo.

Pete sonrió con orgullo sabiendo que su esposo está loco por penetrarlo y cogerlo tan duro como le sea posible.

―Si lo necesitas ¿por qué no lo has hecho?

La voz ansiosa de Pete hizo que el último rastro de cordura en el Alpha se desvaneciera y, la bestia que vive en él por fin tome el control. Lo siguiente que el Omega supo fue que aquel miembro ya se había colado dentro de su cuerpo y azotaba con fuerza entrando y saliendo de su cavidad genital interior, no hubo preparación, sin embargo ¿a quién le importaría eso cuando su Alpha está como loco atendiendo sus necesidades?

Pete gemía y jadeaba en una mezcla de placer, locura y dolor, Vegas lo sostenía entre sus brazos y sus piernas rodeaban la cintura de su esposo exigiéndole jamás separarse, con cada embestida su espalda pegaba contra la pared y podía escuchar el crujir de la madera del marco de la puerta. Pero, en medio de todo, solo podía llenarse de las deliciosas sensaciones que causaba su esposo al abrirse paso en lo más profundo de sus entrañas y exigir ser devorado hasta que el jugo de la vida se derrame en esa tierra fértil que es su vientre.

Las uñas de Pete se clavaron en los músculos duros y fuertes de la espalda de Vegas, arañó con la misma fuerza que su esposo lo penetraba y su cuello, suave y dulce, rápidamente fue mordido hasta la sangre por ese lobo hambriento que lo ha mantenido cautivo en todos esos años.

WOUNDSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora