OCHENTA Y UNO
El día que Kinn y Porsche salieron del hospital la pareja estaba lista para un nuevo comienzo, en aquellos días de aislamiento hubo más de una conversación importante sobre el futuro y ellos siendo una familia. Aunque Porsche intuía que su hijo estaría más que de acuerdo con las decisiones que tomaron, aún así, quería preguntarle su opinión; por supuesto que lo haría después de darle un enorme abrazo y miles de besos.
―¡Mami! ¡Papá!― una ráfaga de adolescente corrió al encuentro de sus padres tan pronto como los vio bajar del auto, los adultos abrieron los brazos para recibir a su hijo ―Los extrañé mucho.
―Mi amor, cada día sin ti fue horrible― respondió Porsche.
―Hijo, mi hijo― susurró Kinn ―Lo siento, papá estuvo fuera mucho tiempo.
El joven, emocionado por el regreso de sus padres no pudo hacer más que echarse a llorar al hallarse en el abrazo seguro de papá y mamá. Porsche consoló a su hijo y Kinn se limitó a sostenerlo con fuerza prometiendo que no volverán a dejarlo solo y Chay lloró un poco más. Los días sin sus padres fueron los peores de su vida, cometió tantos errores, lo lastimaron profundamente y cuando estuvo destrozado no pudo correr hacia ellos para pedirles que le quiten el dolor, que le arreglen el corazón.
Tiempo después la familia descansaba en la habitación principal, Chay se negaba a que sus padres se aparten de su lado y los adultos tampoco pretendían ir a ninguna otra parte que no fuese junto a su hijo. Acurrucados bajo las mantas, las feromonas se mezclaban calmando la angustia del cachorro, los cuerpos de los padres creaban una fortaleza impenetrable que protegía al hijo de cualquier enemigo o dolor.
―Hijo― llamó la voz suave de Porsche.
―¿Sí, mamá?
―¿Te gusta esta casa?
Chay asintió con la cabeza y se acurrucó todavía más para aprovechar ese nido seguro y tranquilo donde se sentía tan bien.
―Papá y yo hablamos estos días― inició Porsche comenzando a juguetear con un mechón del cabello de Chay ―Aclaramos algunas cosas que pasaron entre nosotros...
―¿Se reconciliaron?― preguntó el chico experimentando una ráfaga de felicidad.
―Sí― admitió Porsche.
―Yo le pedí una segunda oportunidad a tu mamá para estar juntos― intervino Kinn acariciando las mejillas de Porsche con amor ―Y por eso quiero pedir tu permiso para estar con tu mamá, con el compromiso de no volver a hacerlo sufrir y nunca más comportarme de forma egoísta, cobarde y estúpida.
Chay suspiró, giró el rostro para encontrarse con el de su padre y analizó sus palabras por un momento, entonces, sonrió con entusiasmo y dijo:
―Está bien, pero, tengo mi propia condición.
―¿Cuál?― preguntaron los dos adultos intrigados por lo que pediría su hijo.
―Deben casarse, mamá merece una gran boda.
―Lo prometo― sonrió Kinn besando la frente de su hijo ―Además, es el paso lógico y deseado.
―Por cierto papá ¿por qué llevas un parche en el cuello?
―Es culpa de tu mamá.
―¿Mi culpa? Sí, cómo no― respondió Porsche fingiendo ofenderse ―Era parte del tratamiento― aclaró dirigiéndose a su hijo.
―Pero, el parche está sobre la glándula de papá... ¡Por Dios! ¿Lo marcaste? ¿Marcaste a mi papá?― mencionó sorprendido Chay.
―Debía hacerse― sonrió orgulloso Porsche.
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WOUNDS
FanfictionKinnPorsche Omegaverse Hace 16 años Porsche trabajó para la familia Theerapanyakul, su guapo heredero Kinn puso sus ojos en Porsche y decidió que sería un juguete muy interesante y divertido, pero los juegos tienen consecuencias y Porsche de pronto...
