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Ochenta y tres

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Ochenta y tres

Vegas no regresó en toda la noche, Pete permaneció acostado esperando a su esposo. En otro escenario lo hubiese salido a buscar, sin embargo, el dolor de su vientre aparecía cuando intentaba salir de casa así que no pudo hacer más que esperar y rezar porque su esposo regrese y su relación no se fracture para siempre. A su hijo le mintió diciendo que su padre estaba atendiendo asuntos del trabajo y él aún tenía malestares de resfriado así que estaría en su habitación descansando, Macao no cuestionó, esos días son extraños para todos y con la sombra de los italianos pisando sus talones, simplemente lo vio como algo natural.

El Omega se cansó de llorar, entre las mantas sostenía su vientre con suavidad y sus ojos se perdían en la blancura de la cortina que corta la vista al jardín. En aquellas horas barajó infinidad de escenarios, posibilidades que lo torturaban, pensamientos donde la culpa lo machacaba y temía que Vegas no pueda perdonar el que ocultara los abortos; después de tantas horas de reflexión se dio cuenta de lo estúpido y absurdo que fue ocultar una verdad que afectaba a ambos por igual. Aunque él sufría como madre, Vegas también tenía derecho de vivir la pérdida como el padre.

―Mi vientre― se quejó Pete sobrándose para intentar que las punzadas que experimentaba desaparecieran ―Quédate allí bebé, quédate adentro, aún no puedes salir.

La puerta de la habitación se abrió con brusquedad dejando entrar a un Vegas agotado y ojeroso, por la expresión de su rostro parecía haber pasado por una tormenta de la que no salió ileso. Sus ojos encontraron entre las mantas la figura sufriente de Pete, fue imposible ignorar que sostenía su vientre como si intentase que algo se quede en su lugar, dio un suspiro profundo y se acercó a su esposo; antes de que Pete pudiese decir cualquier cosa fue alzado en brazos por el Alpha y transportado con premura hacia el auto.

―¿Qué?― logró murmurar aún aturdido.

―Vamos al hospital― respondió Vegas en un tono neutro que puso los nervios de Pete alerta.

―¿Por qué?― preguntó el Omega dejándose envolver por el aroma reconfortante de su Alpha.

―Lo necesitas.

Pete no insistió y Vegas no dijo más, el trayecto en el auto fue silencioso y tranquilo, mientras el Omega seguía alimentándose de las feromonas de su esposo, el Alpha intentaba mantener la cordura y no alterarse por el bien de Pete, después podrían hablar de todo, pero, Porsche fue claro en las indicaciones que le dio. Lo primordial era la salud de Pete y el bebé, después podrían pelear todo cuanto desearan, pero, por ahora no tenía sentido que entraran en un conflicto cuando la salud de Pete no es la mejor.

En el hospital ingresaron a Pete de inmediato, el médico que los atendió el día anterior apareció para preguntar por los síntomas y ordenar pruebas. Vegas permaneció junto a Pete en todo momento, su rostro reflejaba esa seriedad que asusta a cualquiera, pero, que esconde la profunda preocupación que experimenta. El Omega que conoce a su esposo sintió calma al notar esa débil luz en sus ojos, si Vegas aún podía sentirse ansioso con las preguntas del médico solo podía significar algo, aún estaba comprometido con su relación.

―Necesito realizar una exploración física― anunció el médico ―Con los antecedentes de pérdidas repentinas no puedo descartar que sea una señal de alerta.

―Necesita tocarme― aclaró con voz débil el Omega a su Alpha.

Vegas dibujó una expresión de disgusto, sin embargo, terminó asintiendo en silencio permaneciendo en su lugar como un guardia feroz listo para atacar a la menor señal de peligro. El médico tragó grueso y, a pesar de ser un Beta, experimentó el miedo recorrer su cuerpo al punto de casi paralizarse.

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⏰ Última actualización: Aug 02 ⏰

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