Capítulo 115: Para ti, Jari.

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115.


— No estoy seguro de qué hacer..

— ¡¿Qué?! ¿Cómo que "No estoy seguro de qué hacer"? Abraham, entraste a una de las mejores Universidades de Londres, ni sé si del mundo también.

— No me estás ayudando.. -dijo.

— A ver, ¿Por qué no me lo dijiste antes? -pregunté.

— No quería que supieras hasta que esté seguro de qué hacer. Me enviaron la inscripción por correspondencia hace unos días. Tú eres la primera en saber.

— Quiero que vayas. -dije.

— Pero, ¿Y nosotros?

Me quedé callada después de oír la última frase. Esto no puede estar pasando de nuevo, no ahora.

— Eso fue cómo un dejavú. -comentó.

— Amor, es una gran oportunidad para ti, no puedes desperdiciarla por..

— ¿Por ti? Yo lo daría todo por ti. Oportunidades ya las tendré, y muchas.

— Estoy de acuerdo con eso, pero no de éste tipo. No todo el mundo tiene la posibilidad que tú tienes ahora.

— La última vez que tuvimos una conversación como ésta, no te vi en años. No quiero que eso vuelva a pasar.

— ¿Para eso eran los análisis, cierto? Por lo que yo sé, piden un seguimiento de salud.

— Sí...

— Si accediste a hacértelos, es porque tienes la idea de ir. Y yo quiero apoyarte en eso.

— No quiero separarme de ti.

— Eso no sucederá, lo prometo.

— Tengo que enviar una respuesta hasta la próxima semana. Tenemos que hablarlo bien.

— Cómo tú quieras. Ven aquí, no estés triste.

Lo abracé.

No puedo ser tan egoísta de pedirle que no lo esté cuando yo no puedo evitar estarlo, no quiero que esto nos distancie, pero sí quiero que cumpla sus sueños y sea feliz por sobre todas las cosas.

— Tengo algo que darte.. -lo oí decir.

Lo miré y bajó su mirada hasta sus manos. Entre ellas sostenía un sobre.

— ¿Recuerdas la última vez que nos vimos? Te dije que ésta carta era para Jari, que cuando ella regrese, se la daría.

— Sí.

— Bueno, pues.. Para ti, Jari. -me la tendió.

La tomé.

— ¿Sí crees que ella regresó? -pregunté.

— Yo la veo aquí, frente a mí y más hermosa que nunca.

Sonreí.

— Léela cuando estés sola.

— Una más para la colección. -le sonreí- Tengo un arsenal de cartas tuyas, las guardé una por una.

— La que tú me escribiste.. la que rompí, ¿Qué..?

— Me despedía. -respondí rápidamente.

Me miró de reojo, las lágrimas picaban en mis ojos, estoy a punto de llorar y no quiero hacerlo. Que lo mencione me recuerda lo mucho que sufrí e hice sufrir, en esa carta no era yo, era una suicida despechada, efecto de veintitrés Rivotriles.

— ¿Hacemos las maletas? Mañana en la noche sale el tren a Toulouse.

Me abrazó y cerré los ojos. Sabía, muy dentro de mí, que los demonios continuarían atormentándome, mis tormentos regresan cuando lo siento lejos, cuando no me abraza al dormir. No puedo imaginar que se vaya y que yo sobreviva a base de fármacos. Nos acostamos sin comer, miramos una película abrazados. No le presté mucha atención, mi cabeza le da vueltas a la situación. Es un año, Londres, una supuesta convivencia que nos esperaba al volver al país, está a nada de recibirse y puede hacerlo con todos los privilegios brindados y yo no quiero ser un obstáculo. Debo ser quién más lo apoye, no quién más lo sufra. Si se va, al menos sé que aún nos tendremos el uno al otro, no voy a permitirme perderlo una vez más.

Se durmió en mi hombro después de terminar de ver a Liam Neeson en acción tiroteando a turcos por todo Estambul, pareciera de cinco años cada vez que se duerme a mí lado. Me quedé mirándolo mientras dormía. Quiero hacer esto no tan difícil para él, sé que tiene toda la ilusuión de ir, lo veo en sus ojos y yo no quiero ser un impedimento. Debe ir detrás de sus deseos, con o sin mí. Pero voy a apoyarlo, duela o no, ahí voy a estar.

Me abrazó con fuerza cuando sintió que iba a pararme de la cama, le di un beso en su comisura y le susurré que iría al baño. Cuando salí de la cama corrí antes de que el frío del suelo tomara mis pies, hice pis y volví a la cama para tapar a la morsa que continuaba durmiendo, no quiero que pase frío. Me senté en la cama cuando vi la carta que me había dado anteriormente, dijo que la leyera cuando esté sola y él duerme, así que...

Escribo esto con la esperanza de que despiertes para poder leerlo, son las 5:03 de la madrugada exactamente y creo que en cualquier momento tendré que conectarme a unos de los respiradores artificiales que tú tienes, porque ciertamente ya no creo aguantar más. Hace horas no dejo de llorar y mi mamá teme de me deshidrate por eso es que creo que me da agua cada media hora.

Aquí están todos, mis padres, los tuyos, mi hermano, el tuyo. Incluso el dichoso Samuel y Cristina también.. tu novio...

Hace un rato estuve contigo, hallé tu carta y la rompí, por eso creo que estoy escribiendo ésta, pero sólo que ésta es para Jari, mi Jari. Esa que ésta ahí, en coma, no lo es, tampoco es la que lloró en el teléfono ésta tarde, desde que hablamos te pensé.

Volver a oír tu voz me mató, escucharte reír hizo que me dieran ganas de volver el tiempo atrás dónde te besaba mientras lo hacías.

¿Sabes? Hablo de esto para no tocar el motivo por el cual escribo realmente. No sé, no sé y tampoco quiero saber porqué lo hiciste (al menos no por ahora), lo único que quiero es que despiertes, que despiertes así también puedo hacerlo yo, porque siento cómo si ésto fuese una pesadilla en la que estoy a dos electrochoques sin despertar, tal cómo lo estás tú.

Si te hablara de todo lo que tenía planeado para nosotros.. yo quiero que seas tú la madre de mis hijos, que sigas siendo el amor de mi vida (porque sí, lo eres), que me beses cuando acabes de leer esto.

La tinta se ésta corriendo debido a mis lágrimas y eso no es muy presentable, o eso es lo que siempre me has dicho. El efecto de más de una docena de Rivotriles definen el futuro de tu vida en éste momento, también el de la mía...

Si estás leyéndolo, porque sé que lo harás, confío en que lo harás, quiero decirte que te amo con todas las fuerzas de mi corazón.

Hoy eres Jari, el amor de mi vida y mañana también lo serás.

Att: Boli


Continuará...

LOUDER | RMHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora