Capítulo 116: Millón de Millas.

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Me costó un poco despegar los ojos para notar que estaba completamente sola en la cama, Abraham era reemplazado por una almohada y tengo frío porque no está abrazándome. Me senté sobre la cama y lo busqué por la habitación, no estaba. Cuando presté atención pude oír su voz desde afuera a conjunto con una melodía, sus murmullos cesaron de a poco  pero la melodía continuaba.

Salí de la cama y me posé en la puerta que da a la terraza. Entonces lo vi, estaba sentado en el suelo peleando con los acordes de su guitarra y murmurando versos que no lo logro entender bien. Me quedé como una estúpida observandolo tocar la guitarra a cierta distancia, no quiero interrumpir el momento. Claramente después tuve que ir a interrupirlo porque tengo frío, quiero que me abarce y no quiero ir a adentro por una campera.

Él seguía muy concentrado en su guitarra así que disumuladamente reposé mi barbilla sobre su hombro y di un pequeño beso al costado de su cuello.

—  Baby. -dije al notar su sonrisa.

—  Hola... -dijo mirándome con dulzura.

Dejó la guitarra a un lado y se acomodó para poder mirárme.

—  ¿Qué hacías? -pregunté tomando su manita.

Comencé a jugar con sus anillos mientras reposaba mi cien en su hombro.

—  Pensaba.. y escribía un poco. -contestó.

—  ¿Aún lo haces? -pregunté.

—  Aún lo hago. -afirmó.

—  ¿Y te interrumpí? -dije.

—  No, para nada. De hecho, ya iba a despertarte.

—  Que lindo que me despiertes, me gusta. Es mucho mejor que la alarma irritante.

—  Aunque..si tienes mucho sueño, puedo ser irritante también. Una vez me diste con la almohada.

—  Tú nunca eres irritante, amor.

—  "Amor", antes no lo decías tanto.. -dijo.

—  Antes no solía expresarme tanto. Oye, es el últuma día en París, ¿Qué quieres hacer?

—  Estar contigo. -respondió encogiéndose de hombros.

—  Ay, te amo. -dije ladeando mi cabeza- Que linda cara tienes por las mañanas, bebé. -bromeé.

—  ¿A qué hora me dormí? -preguntó con voz ronca.

—  Como a las dos, creo que ni siquiera terminaste de ver la película..

—  Vimos treinta veces esa película, amor. La amas.

—  Ya no roncas, ¿cierto? -pregunté acomodando su cabello.

—  No lo sé, es depende que tan cansado esté. -contestó mientras estiraba su mano para acariciar mis glúteos.

Le besé la quijada y lo vi cerrar los ojos. Últimamente tiene más sueño de lo habitual y no tiene como escusa al cambio de horario porque no es mucha la diferencia. Siempre amó dormir, creo que ahora un poquito más.

—  Mi mamá dijo que la llame y no la llamé nada. -recordó riendo.

—  ¿Tú comunicaste que vendrías o los dejase a todos sin saber tu paradero? -pregunté.

—  Creo que se enteraron cuando subí una foto tuya a las historias de Instagram. -contestó.

—  ¿Qué?.. -pregunté.

LOUDER | RMHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora