Kayla
Estaba en casa de Vanessa que habían montado una fiesta.
Todas estaban bien vestidas menos yo.
Yo tenia unos pantalones vaqueros anchos, junto unas deportivas, y una camiseta de manga largas básica de color negra.
Ni si quiera me había maquillando, y tenia el pelo recogido.
Vanessa se acerco a mi al verme y se sorprendió mirándome de arriba abajo.
—¿Pero que te ha pasado?—preguntó asombrada por mi aspecto.—
—Jacob me ha dicho que no hace falta que me arreglé, además, él esta por aquí pero no le encuentro.—
—¿Qué? ¿Jacob te ha prohibido vestirte como quieres?—
Asentí cabizbaja
—Ese tío es un puto psicópata, más le vale no encontrarmelo.—
Vanessa me daba consejos para que le dejase y me gustaría hacerlo pero cada vez que estaba lejos de él, me dolía y sentía la necesidad de estar con él.
Federico se acercó a nosotras, un chico italiano de nuestra clase, nos saludo a ambas y se me quedó mirando de repente.
—¿Estás bien?—preguntó preocupado colocando una mano sobre mi hombro.—
—Si, es que estoy cansada.—fingí mientras intentaba forzar una sonrisa y nos quedamos hablando.—
Al rato apareció Jacob muy feliz sin saber el motivo pero cuando me vio hablando con Federico se le cambió la cara y se ponía en medio de los dos sin importarle nada.
Me agarró del brazo fuertemente para sacarme de allí y en ese momento Vanessa no estaba.
Cuando salíamos de su casa, andábamos a dirección de su casa, sin soltarme del brazo en ningún momento.
—Me pierdo un momento y ya estás hablando con otros como una zorra.—gritó enfurecido apretando mi brazo.—
—Suelta, Jacob.—suplique con la voz temblorosa pero no me hacia caso.—
Llegamos a su casa, habíamos entrado, y me hizo subir pero no quería, me quedaba en las escaleras mientras negaba.
—¡Que subas!—gritó agresivo señalando hacia arriba y su madre salía del salón, mirándonos.—
—¿Otra vez peleando?—preguntó mientras nos miraba a los dos.—
—Tu te callas.—dijo Jacob mirando a su madre con rabia.—
—¿Que le has hecho ahora a mi hijo?—preguntó mientras me miraba a mi, sintiendo que todo era mi culpa.—
—¡Que te calles!—gritó como un loco hacia a su madre y decidí subir a su cuarto totalmente asustada.—
Estaba en su cuarto abrazándome a mi misma mientras escuchaba a los dos de pelear.
Minutos mas tarde Jacob abría la puerta de su cuarto y luego la cerraba.
Se acercó a mi agarrando mi cola y me tiraba al suelo arrastrandome por el cielo.
—¡Hija de puta!—gritaba enfurecido mientras me arrastraba por el suelo de su cuarto y me ponía a llorar.—
Daba gritos de dolor, pidiendo que parase por el daño que me estaba haciendo y me levantaba, me cogía de los dos brazos con fuerza.
—¿Tu no aprendes?—gritó en mi rostro enfadado sin dejar de apretar mis brazos.— ¡No tienes que hablar con ningún otro tio! ¡Puta!—
