Llegaba a mi trabajo una hora antes para organizar el sitio.
Me ponía a limpiar, a colocar los taburetes, a decorar los reservados vips.
Bajaba las escaleras que había, ahí estaba mi jefe hablando por el móvil enojado.
Vaya, y yo que quería preguntarle si me dejaba unos días libres..
No era el mejor momento.
Baje el último escalón mientras observaba como estaba súper cabreado.
La cara la tenía roja, como un tomate, me aguantaba la risa y encima la vena que se le salía de su cuello.
Luego colgó el móvil rápidamente y me miró cambiando de actitud.
Este hombre parecía bipolar.
—Dalton, amigo mío, a trabajar ¿no?—
—Claro, para eso estoy.—hice una pausa, parpadeando levemente y le miré.—
Mi jefe se me quedaba mirando pensativo y se me quedaba observando, parecía que estaba teniendo una idea.
—Me están reclamando la subida de alquiler del negocio y necesito tener más dinero para ello, a lo mejor, podríamos poner una especie de show en la disco, ¿no crees?—
—¿Que tipo de show?—
—Pues como especies de bailes, ya sabes, en la barra, pequeños striptease.—
—¿Vas a poner a las camareras a bailar semi-desnudas?—
—No, te pondrás tú.—
—¿Cómo?—
—Que atraerás a las chicas con los bailes que hagas.—
—Yo no trabajo para hacer eso.—
—¿Cómo que no? Trabajas en mi discoteca.—
—Pero como camarero, no como striper.—
—Mira, yo pondría a las chicas a bailar, pero no quiero que se me tache como machista, que a día de hoy como están las femenistas, locas de la cabeza.. a día de hoy, poner a una mujer de bailar en una discoteca normal es sexualizarla y explotarla sexualmente, es muy exagerado el tema, y encima luego vienen aquí miles de chicas a beber y a follar en el baño haciéndolo gratis, pero claro, es por decisión libre, no pasa nada, así va el mundo, Dalton.—
Me dio un discurso sexista, mezclando el machismo y el feminismo de las locas que el mismo denominó, pero a mi sinceramente, es que me sudaba todo lo que me estaba contando.
Puse una mano sobre mi pecho y negué.
—¿Y por qué tengo que hacerlo yo?—
—¡Por qué eres hombre!—gritó de forma irónica mientras se reía.— Un camarero inexperto que se ponga a bailar en una barra no pasa nada, eres hombre y es gracioso, pero si es al revés es que estoy abusando de mi trabajadora, ¿has visto la diferencia?—
—Pues entonces contrata a un bailarín profesional.—
—Si no llego a fin de mes para pagar esto, ¿crees que tengo dinero para contratar a alguien más?—
—¿Y que piensas hacer? ¿Pagarme el mismo sueldo?—
—¿A qué esperas tu? ¿Qué te pague más? Eso va incluido en tu trabajo.—
—¡Pero no me dedico a eso!—
—A partir de ahora si, bueno, empiezas ya mañana haciendo los bailecito, te piensas algo en tu casa, no sé dale vueltas al coco.—se señalaba su cabeza en señal de lo que me dijo y alzó sus cejas.— Si estas buenísimo, Dalton, venga confío en ti.—
