Había vuelto al día siguiente.
Otra vez me encontraba en El Bronx.
Me quedaba mirando al nombre de la peluquería.
All Pink
Menudo nombre y qué hortero son los colores.
Me quedé pensando en si entrar o no entrar pero si quería descubrir algo tenía que entrar.
Por Dios.
Subí las pequeños escalones, y abrí la puerta transparente de la peluquería.
Me adentraba a aquel lugar y me quedaba mirando todo lo que había.
Había dos chicas jóvenes, sentadas en un sillón con sus móviles y dos peluqueras.
Todas se me quedaron mirando al ver que había entrado, estaban de forma asombrada, y no me quitaban el ojo de encima.
De repente venía una mujer con el pelo negro, pelo corto y unas gafas de la vista.
De cuerpo era delgada, y parecía joven aunque claramente tendría alrededor de unos cuarenta.
-Buenas, ¿tienes cita?-preguntó con educación sin mirarme con la atención completa, luego se asentó mejor sus gafas y se quedó perpleja al verme.- Vaya, un chico, al fin se está animando los hombres a venir a mi peluquería..-
No sabía que decirle, me había pillado fuera de lugar, lo cuál comencé a ponerme nervioso y me quedé en silencio.
-Creo que no tienes cita.-
-No.-respondí de forma rápida.- Es la primera vez que me doy cuenta que hay una peluquería por aquí..-
-Es que este local es nuevo, la abrí antes del verano, si no has pasado mucho por aquí es obvio que no conozcas este sitio, pero no pasa nada, aquí se te tratará bien.-
-No lo sabía..-dije actuando como si no supiera nada y sonreí forzosamente.-
-Nunca es tarde, joven, bueno, ¿que necesitas? Además de hacer peluquería también nos dedicamos a lo estético, hacemos cejas, manicura, depilación láser..-
-No, no, no...-dije negando rotundamente a todo lo que me decía y de repente me señalé el cabello.- Quiero hacerme un corte de pelo.-
Desvío su mirada a mi cabello con atención juntando sus dos manos y atención.
-Te iría bien el pelo más corto, si, tienes la cara muy fina y pequeña para tener esos pelos metidos en la cara..-
Que exagerada, pensé.
-Te dejaremos muy bien, voy apuntarte.-
Ella se dirigía a una mesa, donde estaba la caja registradora, y había una pequeña agenda.
La mujer abría las páginas de la agenda, mirando con atención y señaló de repente una hoja.
-Este jueves por la tarde, sobre las cinco de la tarde esta libre, ¿te viene bien?-
-Si, puedo venir.-
-De acuerdo, ¿como te llamas?-
No le voy a decir mi nombre real, piensa, Dalton.
¿Que nombre me pongo?
-Nate, apúntame como Nate.-
-De acuerdo..-dijo apuntando en su agenda con atención y dejó el bolígrafo sobre la mesa, me miró dedicándome una sonrisa cordial.- Pues estás apuntado, nos vemos el jueves Nate.-
