La borrachera había terminado y tenía mi día de descanso.
Quedé con Dylan a la tarde, por que él también estaba trabajando.
Hizo un curso en estos dos años anteriores de administración y ahora trabajaba en una oficina.
No se qué tipo de oficina era pero no me imaginaba a Dylan vestido de traje chaqueta, o con blusa, o vestido formal.
En fin, quedamos para almorzar, alrededor de una universidad.
Nos encontrábamos en una terraza comiendonos una pizza.
Yo tenía puesta unas gafas de sol de color negras por las ojeras, últimamente tenía ojeras por la falta de sueño.
Alcé mi barbilla mientras cogía una patata y me la comia.
-¿Y la noruega?-
-Pues en Noruega, ya se volvió a su país.-
Me reía con la boca llena mirándole a su cara, era todo un travieso.
-Era guapita la noruega, eh, y eso que a mi no me gustan las rubias.-
-¿No te gustan las rubias?-
Negué rotundamente por la pregunta.
-Para nada, las prefiero morenas, parece que no me conoces.-
-A mi me gustan todas.-
Me seguía riendo, me acercaba a coger una porción de pizza, y daba un gran mordisco.
-Oye, ¿Y Kayla? ¿Te ha vuelto llamar?-
Empecé ahogarme a escuchar el nombre de ella, aunque igualmente trague la comida, cogía mi vaso de refresco y bebía para que se me fuera la tos.
Dylan alzó sus cejas por mi reacción.
Respire profundamente.
-No sé nada de ella, desde hace tres meses.-
-Yo no la entiendo.. que te deje por que te mereces algo más, a mi me huele excusa.-
-¿Excusa?-
-A lo mejor ya te quería dejar de antes.-
-No creo, ella me dejó por ese motivo, la conozco.-
-Pero no entiendo entonces, no sé por qué te dice que mereces a alguien mejor.-
Obviamente, no le conté a Dylan nada personal de Kayla, eso no le interesaba, solo le conté que me dejó por que se sentía inferior a mi.
Que podría decirle.
-No quiero hablar más de ella.-dije seriamente y cortante a la vez.-
Dylan desvío el tema por otra parte y luego nos fuimos de allí.
Llevaba a Dylan hasta su casa, y yo me pasé por la cafetería de siempre.
Más bien a mi antiguo trabajo, pero no creo que me encontrará a nadie conocido.
Iba a entrar para pedir un café para llevar pero observe que estaba saliendo Eva de allí con el móvil en la oreja y decidí desviar la mirada haciéndome el tonto.
Bueno, llevaba las gafas de sol, pero no quería que me viera.
Bajaba las gafas de repente dandome cuenta que el gimnasio lo habían vuelto abrir.
Le habían cambiado el nombre al gimnasio.
Boss Bronx.
Me quedé sorprendido por ello.
