Aquella chica no parecía que tenía dieciocho años, si no treinta.
Aquel vestido blanco corto y sencillo, hacia relucir su silueta, una cintura pequeña con unas caderas voluptuosa.
En cuanto su escote, tenía unos lechos muy pero que muy grandes.
Joder, Dalton, fijate en otra cosa.
Su pelo, eso.
Tenia su cabello largo, suelto y alisado, lo cuál eso no había variado.
Ella dio unos golpes a la ventana de mi coche y abría el botón de seguridad, luego abrió el coche mirándome de forma asqueada.
-¿Aquí me vas a llevar?-preguntó sosteniendo la puerta con delicadeza mirándome a mis ojos como si fuera un excluido de la sociedad.-
-Es un BMV, ¿que más quieres?-
-Pues espero que esté limpio, este vestido es de Calvin Klein.-
Daisy no se quejó más y se subía, mostrando sus tacones de tacón elevado y transparente.
Seguí sonriendo forzado mirando al frente.
-Eres muy amable.-dije de forma sarcástica sin mirarla a la cara y ella me miraba fijamente.-
-Perdona por mi sinceridad.-
-No pasa nada.-
-Bueno, ¿dónde quieres ir?-
-A no sé, dímelo tú, aquí la que tiene clase y la elegante eres tú.-
-Conduce hacia al Diamond, es un pub de copas que se pone de buen ambiente.-
-¿Un pub de copas? Pero si eres menor.-
-¿Que dices? Tengo dieciocho años.-
Me dejó callado en ese momento y asentí levemente, volviéndola a mirar.
Vale, es mayor de edad, pero sigue siendo una adolescente y tienes que dejar de tener esa mirada de lujuria que te está produciendo.
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Ambos bajamos del coche al llegar donde Daisy me dirigió.
Cruzamos la calle hasta ir hacia la puerta y entrábamos.
Me fijaba en Daisy por su espaldas.
Bajaba mi mirada hasta su trasero junto su cintura y tragaba saliva.
¿Como puede tener tanto culo?
Tanto sus pechos como su trasero era grande, si es que parecía operada.
Ella andaba de forma sensual, meneando sus caderas de un lado hacia a otro hasta llegar a una mesa y me dirigía a ella tranquilamente.
Me sentaba frente de ella.
Daisy parecía mirar a todas partes del restaurante un tanto inquieta y coloque mi mano sobre la mesa.
-¿Estás bien?-pregunté de forma preocupado por su actitud y me miró de repente acentuando sus ojos marrones a los míos.-
-Si.-respondio de forma fría y agaché la mirada hacia la mesa.-
Tenía uñas postizas en sus manos, de color blanca con pequeños brillantes alrededor de su uña.
Esta tia era muy coqueta o superficial no se como clasificarla.
El camarero vino hacia nosotros pero no un camarero normal.
Un camarero con uniforme formal, joder, es Manhattan.
¿Que esperas?
Daisy parecía pedir un Martini seco y yo pedí un vodka con redbull.
