Había ganado el combate contra Malcolm.
Me sentía contento y satisfecho por la victoria.
No podía sentirme más feliz por haberle ganado nuevamente a Malcolm y ser nuevamente el campeón del mundo.
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Estábamos todos celebrando en un restaurante de Nueva York, en la noche, sobre mi victoria.
Me encontraba feliz por qué estaba toda la gente que quería conmigo y celebrar un éxito rodeado de personas que les importa es mucho más satisfactorio que le celebrarlo solo.
Salía por unos segundos del restaurante para tomar aire fresco, ya me sentía un poco agobiado por estar dentro y me quedaba mirando el cielo, estaba lleno de estrellas.
Repentinamente salía Kayla del restaurante y sonreí mirándola, rodeaba sus hombros al verla.
—¿Por qué sales a fuera?—
—Quería estar un rato a solas.—
—Si quieres entró..—
—No, quédate.—
Ella me sonreía levemente, pegada a mi pecho y la abrazaba con delicadeza.
—Hoy te veo más contento que nunca.—
—Si.. lo estoy, ya no solo por ganar, sino, por qué estamos todos juntos.—dije haciendo una pausa mientras la abrazaba y ella subió su mirada a mi.— Por qué estamos tu y yo juntos.—
Kayla subió su mirada a mi, sonriendo con felicidad y asintió.
—Siempre estaremos juntos, Dalton.—
—Lo sé.—
—Los enamorados se han escapado del restaurante.—dijo Philip interviniendo en la conversación y nos reíamos mirándole.— No os iréis sin pagar la cuenta.—
Me reía con diversión por lo que decía y alzaba mis cejas.
—He ganado, que menos que me invitéis.—
—Claro, Dalton.—dijo con ironía mientras asentía y se reía sin más.— Cuando volvamos a Manhattan, hablaremos sobre tus próximos combates.—
—Si, tengo muchas ganas de seguir boxeando.—hice una pausa mientras desvíe mi mirada a Kayla y sonreí levemente.— Pero primero nos casaremos.—
Philip asintió dándome la razón y decidió dejarnos a solas.
Sostenía su cara lentamente mientras ella me miraba a mis ojos fijamente.
—¿Tienes ganas de casarte?—pregunté mirándole a sus ojos azules grisáceos, fijamente.—
—Es lo que más deseo, ¿Y tú?—
—Claro que sí.—
Kayla decidió besarme y le seguía el beso lentamente.
Tenía ganas de casarme, sinceramente pero era en lo último que tenía en mente.
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Regresábamos a casa finalmente.
Me encontraba bien aunque aún seguía cansado.
Mi madre no había parado de hablar sobre la boda en el avión y fue un tema que me empezó incluso agobiarme.
Y no entendía por qué, por que yo me sentía agobiado por ello y no sabía por qué.
Esta noche Kayla se quedó a dormir en mi casa.
Me encontraba en el baño lavando mi rostro y me quedaba mirándome a mi mismo pensando en la victoria.
