LUCY
Después de pasar la mañana con la abuela de Sadie, nos despedimos ya que Sadie tenía que ir a sus clases. Yo me quedé en el departamento de Vanessa mientras ambas veíamos una serie.
—¿Por qué siempre terminan juntos? —pregunta Vanessa, yo me encojo de hombros.
—El amor siempre lucha hasta llegar a un final, ya sea feliz o triste.
—¿Tú luchas por tu amor? —pregunta mirando la pantalla.
—Todos los días. Me levanto pensando en el día donde Sadie decida alejarse de mí, voy a sentir que arrancarán mi corazón de mi pecho —ambas nos quedamos mirando fijamente y la escucho suspirar.
—Emilia volvió a hablar con David, me siento de la mierda —dice Vanessa apagando la televisión.
—Pero ¿no que ya no volvería con él? —ella asiente.
—Sí, pero dijo que tenían que hablar de muchas cosas importantes, que tendríamos que darnos un tiempo para pensar todo mejor.
—Lo siento —ella niega.
—No es tu culpa, fue mi culpa por demorarme en aceptar mis sentimientos —la miro confusa.
—¿A qué te refieres? —ella se pone un almohadón en la cabeza y suspira.
—Creo que soy bisexual —dice mirando su celular.
—¿Y qué tiene de malo?
—Me da miedo, Lucy. Nunca lo había dicho en voz alta —ella bufa sosteniendo sus manos en su cabeza—. Y ella es como un torbellino que se entrometió en mi corazón y ahora se va dejando un desastre a su paso.
—Si ella se fue, tiene que ser por algo —ella se encoge de hombros.
—No lo sé, me da miedo que pase lo peor, que ella vuelva con él o, peor aún, que se separe para siempre de mí —yo asiento.
—No puedo decirte que todo estará bien, Vanessa, pero lo que sí puedo decirte es que no estás sola. Estoy aquí para ti, pase lo que pase —le digo, tratando de reconfortarla.
—Gracias, Lucy. Saber que cuento contigo significa mucho para mí —dice, su voz llena de emoción — de foránea a foránea si necesitas quedarte en algún lado espero que sepas que puedes quedarte aquí siempre que quieras.
Mi teléfono comienza a sonar y sonrío al ver el nombre que aparecía en pantalla.
—¿Te gusta la pasta cremosa? —pregunta mi voz favorita una vez contesto.
—Sí, ¿por qué? —sonrío recordando la vez que cocinó para mí en mi apartamento.
—Listo, princesa, te voy a preparar una pasta deliciosa, ¿estás sola?
—No, está Vanessa aquí.
—¿No la podemos botar de su casa? —dice riendo.
—Traeme helado —grita Vanessa desde el sofá.
—¿Sigue triste? —pregunta preocupada.
—Sí.
—Será mejor que Emilia le explique todo de una buena vez —dice bufando.
—Bueno, hermosa, llegaré en unos 20 minutos, si puedes pon agua a hervir.
—Listo, ¿me puedes traer chocolate? —escucho cómo ríe.
—Claro, los que quieras —escucho el sonido de la cámara de parqueo del carro de Vanessa. Cierra la llamada y nuevamente me quedo en el sofá con Vanessa.
ESTÁS LEYENDO
Nuestro Secreto
Roman d'amourEn un viaje por obligación, Sadie, atrapada en un mundo de expectativas parentales, y Lucy, luchando por perseguir sus sueños en solitario, se cruzan en un hotel . A medida que su conexión se intensifica, se enfrentan al dilema de separarse al final...
