Ir a Cuenca , solo me recordó todas veces que disfrute estar aquí , la libertad de estar por sus calles y no temer por mi vida, estar relajada en lugares que no crei estarlo , ser yo misma sin el miedo a que alguien me encuentre y le diga a mi familia.
Estar aquí , en el lugar que me dio tantas alegrías y felicidades , ahora mismo todo el departamento vacio , ver como todo esta en cajas , que todo se hiciera pedazos en segundos,me hace sentir vulnerable y asustada.
—Lu? — me llama Sadie interrumpiendo mis pensamientos.
—Dime
—Ya subi todo al auto, falta algo? — yo niego, me subo a la isla de la cocina y Sadie no tarda en acomodarse entre mis piernas , me apoyo en sus hombros mientras ella deja reposar sus brazos en mis piernas.
Me permito relajarme por unos segundos , mientras veo nuevamente lo que queda del departamento , muebles, paredes vacías , una o dos cajas vacías.
—Te extrañe sabes? — dice Sadie mientras se voltea haciendonos quedar frente a frente.
—Pasaron solo tres semanas —ella abre los ojos excesivamente.
—Exacto , tres semanas sin ti son como 365 dias — la rodeo con mis brazos y se acurruca entre ellos.
—Ya me tendrás un poco más cerca — acaricio su espalda.
Sadie y yo nos quedamos en silencio, disfrutando de la cercanía. El tiempo parece detenerse mientras compartimos este último momento en el lugar que fue nuestro refugio.
—¿Estás lista para irnos? —me pregunta en voz baja.
—Sí —respondo, aunque en mi corazón aún siento el peso de la despedida.
Hacemos un último recorrido por el departamento, asegurándonos de no olvidar nada. Cada lugar evoca un recuerdo, y me esfuerzo por no dejar que la tristeza me abrume.
—Vamos —digo finalmente, tomando la mano de Sadie y dirigiéndonos hacia la puerta.
Cerramos la puerta detrás de nosotros y bajamos las escaleras hasta llegar al auto. Sadie abre el maletero y coloca la última caja dentro. Luego, subimos al auto y nos quedamos en silencio por un momento antes de arrancar el motor.
Miro por la ventana del auto mientras siento varias lagrimas cayendo por mi rostro , miro el barrio , el lugar que me había recibido alegremente , al lugar que me abrió tantas oportunidades y recuerdos.
Nos dirigimos hacia la panadería donde siempre comprábamos el pan. El señor que la atendía se había convertido en un amigo durante mi tiempo en Cuenca. Al llegar, veo que el letrero de la panadería aún está encendido y el aroma familiar de pan recién horneado llena el aire.
Entramos y el señor Lopez nos recibe con una sonrisa cálida.
—¡Chicas! ¿Cómo están? —nos pregunta.
—Hola, señor López. Estamos bien, aunque hoy venimos a despedirnos —respondo con una mezcla de tristeza y gratitud.
—¿Se van de la ciudad? —pregunta con una expresión de sorpresa y pesar.
—Sí, ya es hora de volver a casa. Pero no podíamos irnos sin despedirnos de usted y agradecerle por todos este tiempo de buen pan y compañía —digo, sonriendo.
El señor López nos ofrece una bolsa con nuestros panes favoritos, cortesía de la casa. Nos abrazamos y nos promete que siempre tendremos un lugar especial en su panadería.
Salimos de la panadería con la bolsa de pan y nos dirigimos hacia nuestro próximo destino: el hotel donde nos conocimos.
Probablemente uno de los lugares más especiales de la ciudad para mi.
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Nuestro Secreto
RomanceEn un viaje por obligación, Sadie, atrapada en un mundo de expectativas parentales, y Lucy, luchando por perseguir sus sueños en solitario, se cruzan en un hotel . A medida que su conexión se intensifica, se enfrentan al dilema de separarse al final...
