Nuevo Día

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SADIE

Conocen la leyenda y el cuento de Rapunzel, ¿verdad? Esa chica atrapada en una torre porque su madre sabía que tenía dotes curativos. Bueno, no les voy a contar la historia completa, pero entienden el contexto: torre, estar atrapada... ¿sí? Bien, entonces, prosigamos: finalmente salí de esa torre.

Ya no tengo nada con lo que me puedan manipular. Todo lo importante en mi vida estaba conmigo. Pero la balanza de la vida siempre es justa; así como te da, también te quita. Supongo que por eso decidió llevarse a mi abuela.

Los últimos meses a su lado fueron especiales. Nunca me separé de ella, a pesar de que mi madre aprovechaba los momentos en que ella dormía para tratar de sacarme esos "pensamientos lésbicos" que tenía. Mamá, ¿de verdad crees que no lo había intentado antes? Que a ti te guste algo que parece calamar ya no es mi problema.

Perdón, no puedo creer que puse todo eso en un solo párrafo, pero es que realmente he estado triste por mucho tiempo, pensando en cuándo llegará el día en que todo el mundo esté en paz. Una de las personas que más paz me daba ya no está en este mundo.

Pero si algo me enseñó mi abuela, fue que, aunque todo a mi alrededor se esté cayendo, siempre tengo que mirar hacia adelante, nunca hacia atrás. Es una frase que siempre llevaré marcada en mi cabeza y, quizás, algún día en mi piel.

Bueno, ¿dónde nos quedamos? Ah, sí, entonces, salí de la casa de mis padres, llevándome medio armario en una mochila, otra llena de ropa sucia por el viaje, y una más con mis objetos más valiosos.

Quizás algún día pueda recuperar el resto de mis cosas, pero a veces también hay que dejar ir para ser feliz. Mi chica me sacó por un momento de ese lugar oscuro en el que estuve. Ella fue mi faro en la oscuridad, como siempre.

—¿Estás lista para ver nuestro hogar? —pregunta mi novia por el intercomunicador de la moto. Había extrañado esto.

—Sorpréndeme —le digo mientras estaciona la moto en el edificio donde sabía perfectamente que estaba nuestro departamento.

—Quiero que sepas que traté de comprar lo mínimo porque quería que lo hagamos juntas —dice, tomando mi mano—eso y que no tenia tanto dinero.

Estamos al menos a una hora de distancia de mis padres, en un sector que casi nunca visitan, y el departamento está a nombre de Lucy. Gracias, Sadie del pasado, por eso.

Al entrar al edificio, sentí una mezcla de alivio y emoción. Este lugar representaba una nueva etapa, un espacio solo para nosotras, lejos de todo lo que había dejado atrás. Mientras subíamos por el ascensor, miré a Lucy y vi en sus ojos la misma emoción que tenía cuando le enseñé este lugar por primera vez.

—Eres hermosa, tus ojos están brillantes —le digo, y ella sonríe.

—Estoy sudada, sin maquillaje, despeinada, y seguramente con unas ojeras enormes, ¿y aun así me ves hermosa? —me dice riendo.

—Siempre te veo hermosa —respondo sin pensarlo—. No es solo por cómo te ves, es que tienes esa forma de hacer que todo a tu alrededor se sienta más... no sé, mejor. Eso es lo que me encanta de ti.

Ella sonríe, con esa mirada que me hace sentir como si todo estuviera bien en el mundo.

—¿De dónde sacas tantas cosas? —me pregunta mientras me acerco para besarle la frente.

—De mi tonto corazón —respondo, riendo junto con ella.

El ascensor se detiene y mientras caminamos hacia el departamento la tomo de la mano hasta quedarnos frente a frente.

—Sabes —dije en un momento, girándome hacia ella—por un momento creí que nunca me perdonarías, por lo que hice.

—Porque lo haría, yo pase por lo mismo, entiendo tu posición—me respondió, acariciando mi mejilla—Solo no te vuelvas a alejar de mi porque si no...

Nuestro SecretoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora