Lucy
Estaba en la sala, nerviosa, esperando que Sadie regresara de la casa de sus padres. Fue a dejar el auto y a ver si su madre había llegado. Tenía miedo por lo que pasó en el semáforo. Sadie no paraba de pensar que su primo nos vio.
En la noche no pudo dormir; era algo que la había mantenido alejada de mí. Sinceramente, eso era lo que más me preocupaba. Para mi familia lo nuestro ya no era sorpresa. No me preocupaba porque tampoco ellos lo iban a hacer público, y si lo aceptaban o no, sinceramente me daba igual. Ya que yo no soy parte de esa familia hace mucho tiempo.
Pero para Sadie, si su familia se entera, lo pierde todo. Cuando digo todo, es absolutamente todo. Aparte de su familia como tal, la relación que tiene con sus abuelos, sus familiares, su casa. No estoy segura de cómo actuaría su madre y no quiero averiguarlo tampoco.
Estas eran las cosas que me mantenían alerta siempre, por ella. A veces se nos olvidaba que hay un mundo homofóbico a nuestras espaldas. Ecuador no es el sitio más seguro para lo que nosotras hacemos. No es seguro para nadie. No es seguro para Nuestro Secreto.
Todo lo que habíamos construido se podía derrumbar. Una llamada de ese señor, tan solo diciendo que no estaba en su casa, y ya todo estaría perdido para nosotras. La idea de mudarme a Guayaquil había pasado a un segundo plano.
Lo único que me mantenía consciente era Vanessa y las miles de preguntas que me hacía.
—Del uno al diez, ¿qué tan seguros estamos de que nos vieron? —pregunta Vanessa.
—Un 9, pero no le iba a decir eso a Sadie —digo.
—Mierda, amiga, ¿te das cuenta de que si lo saben serás la más buscada? —dice Vanessa, dejando un par de cajas en la entrada de la habitación de visitas.
—No me da miedo eso, me da miedo que la alejen de mí de nuevo. No sé de lo que es capaz esa señora.
—Tu adorable suegra —bromea. Esa señora realmente es alguien con la moral muy baja como para importarle todo lo que digan los demás.
—Vane, ¿me ayudas un rato? —llega Emilia a nuestro lado con Oli en sus brazos.
—Claro, ya vengo —dice mirándome. Yo asiento.
—No, no, tranquila. Solo necesito que vigiles a Oli un rato. Voy a recoger algunas cosas en la casa de mi mamá —Vanessa asiente y toma al pequeño en sus brazos, que no tarda en acurrucarse para seguir durmiendo.
—Cuídate —Vanessa besa su frente y se despiden.
—No tardaré.
—Emi, ¿puedes...?
—Sí, voy a pasar por la casa de Sadie para ver si está lista. Si es posible, la secuestro y te la traigo —bromea. Se acerca para besar mi frente y sale del departamento.
—Bueno, ¿y ahora? —dice Vanessa dejando a Oli en el corral.
—No sé —escuchamos a Oli quejarse, señal de que está a punto de llorar. Vanessa se acerca y lo toma nuevamente en sus brazos. No tarda en acurrucarse.
—Es increíble la conexión que tienen.
—Es mi pequeño favorito —dice acariciando su espalda.
—¿Alguna vez te imaginaste así? —pregunto curiosa.
—Pues, nunca en realidad. Yo nunca pensé en tener hijos, pero una vez lo vi, ahí empezó nuestra conexión. ¿Sabes? En la universidad me juzgaron mucho por esto.
—¿A qué te refieres?
—A que me estoy haciendo cargo del hijo de otra persona. No sé si me juzgan porque ambas somos mujeres o porque es el hijo de alguien más —se encoge de hombros.
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Nuestro Secreto
RomanceEn un viaje por obligación, Sadie, atrapada en un mundo de expectativas parentales, y Lucy, luchando por perseguir sus sueños en solitario, se cruzan en un hotel . A medida que su conexión se intensifica, se enfrentan al dilema de separarse al final...
