SADIE
Sabes que algo malo va a pasar cuando tu madre te espera afuera de tu casa porque llegaste dos minutos tarde. Sabes que todo se va a ir a la mierda cuando ves que tu habitación está revuelta, cuando te sientan en medio de la sala y tus piernas no dejan de temblar.
—Por favor, mamá, deja de hacer esto. Lucy, vete, por favor —ruego mirándola directo a sus hermosos ojos llenos de preocupación. Como quisiera abrazarla y decirle que todo va a estar bien, aunque dudo que sea así.
—Si necesitas algo, cualquier cosa, llámame —me dice antes de alejarse en su moto. La mirada de mi madre hace que el suelo se abra y me trague.
—Entra —dice mi madre fríamente.
Obedezco, y lo primero que veo es que varias de mis cosas están en la sala: mi computadora, mi cámara, mi mochila.
—¿Qué es esto? —dice mi madre, abriendo la computadora y mostrando el álbum de fotos que tenía de Lucy en concierto.
—Fotografías —contesto mirándola fríamente.
—Contéstame bien, muchacha, ¿qué es esto? —me agarra de la mandíbula, obligándome a mirar el monitor de la laptop.
—Fotografías, mamá, ¿qué otra cosa sería? —ella me mira con frialdad.
—¿Por qué tienes tantas fotos de esa chica? —mi corazón comienza a latir rápidamente. Vamos, concéntrate.
—Porque he hecho coberturas de varios de sus conciertos —ella niega con la cabeza.
—No, ¿por qué tienes tantas fotos? Tu abuelo está preocupado por ti, cree que pasas mucho tiempo con ella —yo bufo.
—¿Y? El abuelo también decidió no aparecer por 21 años de mi vida —mi madre golpea la mesa con el cargador de mi laptop.
—Sin embargo, sigue siendo tu abuelo y tienes que respetarlo —una risa sarcástica sale de dentro de mí.
—Claro, pero aun así no voy a dejar que una gran persona como lo es Lucy desaparezca de mi vida por alguien que recién se acuerda de mi existencia y quiere conocerme —mi madre vuelve a golpear la mesa con el cargador y agarra mi cámara—No toques mi cámara, por favor.
—¡Silencio! Yo te di la plata para comprarla, yo puedo agarrarla si me da la gana —yo niego con la cabeza.
—Tú no pusiste ni un centavo para comprarla —ella bufa.
—¡VIVES BAJO MI TECHO! Todo lo tuyo me pertenece —yo niego con la cabeza.
—Madre, esta casa es de mi papá, no tuya. Es más, yo tengo más derecho que tú en ella —y así fue como todo se puso en cámara lenta. Mi madre arrojó una de las cosas más preciadas al suelo con todas sus fuerzas. Todo se había vuelto cristales.
—¡A MÍ ME RESPETAS, CARAJO! —mis manos buscan mi cámara, que estaba destrozada, probablemente sin arreglo alguno. Siento cómo mi madre tira de mi cabello, haciéndome levantar de un tirón—. Llevas todo el día fuera de la casa, ¿crees que te mandas sola?
Mis ojos se llenan de lágrimas, pero no de tristeza, sino de coraje, de no defenderme ante una abusadora, de no poder irme porque me falta camino por recorrer, de no poder ser libre una vez más.
Siento cómo mi madre comienza a golpearme con el cargador de la laptop y lo único que puedo hacer es cerrar los ojos y pensar que algún día seré libre de esto.
—¡Eres una desagradecida! —grita mi madre, su voz resonando en mis oídos como un eco ensordecedor.
Trato de encogerme para protegerme de los golpes, pero no hay mucho que pueda hacer. Finalmente, después de lo que parece una eternidad, los golpes cesan. Siento el silencio caer sobre la habitación como una manta pesada.
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Nuestro Secreto
Roman d'amourEn un viaje por obligación, Sadie, atrapada en un mundo de expectativas parentales, y Lucy, luchando por perseguir sus sueños en solitario, se cruzan en un hotel . A medida que su conexión se intensifica, se enfrentan al dilema de separarse al final...
