LUCY
Me despierto con los primeros rayos de sol que se cuelan por la ventana, y al girar hacia mi lado, me encuentro con el rostro de Sadie a mi lado en la cama. Una oleada de sorpresa me golpea de inmediato al recordar que Sadie no estaba allí anoche cuando me dormí.
Me siento en la cama, frotándome los ojos para asegurarme de que no estoy soñando. La confusión se mezcla con una leve preocupación al ver que el rostro de Sadie mientras duerme, notando el ligero morado que adorna su pómulo y sus ojos hinchados. Una punzada de dolor y enojo atraviesa su pecho al recordar las veces anteriores que ha visto marcas similares en el rostro de Sadie. Se pregunta qué habrá sucedido anoche para que Sadie decidiera marcharse de esa manera.
Decido no despertarla por el momento. En su lugar, me levanto con cuidado de la cama y me dirijo al baño. Mientras me lavo la cara,el pensamiento que fue por mi culpa que le pasara eso no paraba.
Al salir del baño, me detengo junto a la cama por un momento más, observando a Sadie con una mezcla de cariño y preocupación. No sé qué deparará el día, pero una cosa es segura: necesito hablar con Sadie sobre lo que sucedió anoche y asegurarme de que esté bien.
Las chicas están fuera del cuarto, conversando. Emilia me pasa la caja de cereales, y comienzo a servirme mientras escucho su explicación sobre la llegada de Sadie la noche anterior.
—Llegó alrededor de las 5 am, justo cuando las alarmas de su casa se desactivan —explica Emilia, jugueteando con su comida—. Por suerte, mi madre ya había salido para el trabajo a esa hora, así la vio y la paso dejando sabiendo que yo estaba aquí.
—Afortunadamente, nos quedamos dormidas en la sala, así que le abrimos la puerta —agrega Vanessa, asintiendo con la cabeza.
—¿Te preocupa el morado en su pómulo, verdad? —me pregunta Emilia, con una sonrisa irónica. Yo asiento con seriedad.
—Sí, es algo que su madre siempre hace cuando cree que Sadie ha hecho algo mal —murmuro, sintiendo un nudo en la garganta—. Seguro que le dirá que se golpeó con una puerta.
Las chicas intercambian miradas de complicidad, y me doy cuenta de lo mucho que se preocupan por Sadie. Es un consuelo saber que no estoy sola en mi preocupación por ella.
—¿Hay alguna manera de ayudarla? —pregunta Vanessa, con un tono de determinación en su voz.
—Su padre está de viaje, así que su madre está especialmente insoportable en estos momentos —explica Emilia—. Intentaremos que llegue puntual a casa, o buscaremos una buena excusa para que duerma aquí, pero es difícil.
Asiento con pesar, sintiendo una mezcla de impotencia y rabia ante la situación de Sadie. Es injusto que tenga que enfrentarse a ese tipo de abuso en su propia casa.
Las chicas están afuera del cuarto, manteniendo una conversación que no puedo evitar escuchar. Vanessa pregunta sobre Sadie y si alguna vez ha denunciado el abuso de su madre a alguien.
—Una vez lo intentó, pero su denuncia no llegó a ninguna parte, porque los contactos del abuelo de Sadie son muy fuertes. Es un gran abogado —explica Emilia, mientras me siento abrumada por la sensación de impotencia.
—¿Si puedes protegerla fuera de su casa? —pregunta Vanessa, con determinación.
Emilia asiente, y luego nos ruega que no mencionemos esta conversación a nadie.
—Tranquila, no diré nada —dice Vanessa, tomándole la mano a Emilia.
—Yo tampoco, aunque ahora tenga ganas de ir a buscar a esa señora y mostrarle lo que es un golpe de verdad —añade con una sonrisa irónica.
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Nuestro Secreto
RomanceEn un viaje por obligación, Sadie, atrapada en un mundo de expectativas parentales, y Lucy, luchando por perseguir sus sueños en solitario, se cruzan en un hotel . A medida que su conexión se intensifica, se enfrentan al dilema de separarse al final...
