Secretos Revelados

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SADIE

Han pasado tres semanas, tres malditas semanas en las que solo he salido para ir a las terapias, desde que salí del hospital. La vida ha sido una mezcla de avances y tensiones. La fisioterapia ha sido dura pero necesaria. Cada sesión es un recordatorio de lo que mi cuerpo ha soportado, pero también de lo fuerte que puedo ser. Me he esforzado al máximo, siguiendo las instrucciones del fisioterapeuta y empujando mis límites para recuperar mi fuerza y movilidad.

Sin embargo, las cosas en la casa de mi abuela no han sido fáciles. Desde el incidente en el hospital con Lucy, mi abuela ha estado distante y fría. Aunque no menciona los tatuajes ni nuestra relación directamente, la desaprobación está siempre presente en su mirada y en sus gestos. Me siento incómoda, como si estuviera caminando sobre cáscaras de huevo. Intento evitar temas que puedan provocar su ira, pero incluso en los momentos de silencio, la tensión es palpable.

Lo más difícil ha sido la ausencia de Lucy. Hace una semana, tuvo que regresar a Cuenca por trabajo. El contrato que mencionó antes está a punto de terminar, y no puede dejar de cumplir con sus responsabilidades. Sabía que este día llegaría, pero eso no hace que sea más fácil. Estar separadas después de haber pasado tanto tiempo juntas es un golpe duro. Cada día sin ella se siente más largo que el anterior. Me he acostumbrado a su presencia constante, a su apoyo, y ahora me siento un poco perdida sin ella.

Las llamadas y mensajes de texto no son suficientes para llenar el vacío que su ausencia ha dejado. Hablamos todas las noches, compartiendo detalles de nuestro día, pero es un consuelo frío comparado con tenerla aquí conmigo. A veces, me despierto en medio de la noche con pesadillas. Pesadillas que habían desaparecido mientras Lucy estaba a mi lado, pero que ahora regresan con una fuerza que me deja temblando y sudando. Son recuerdos del infierno que viví, de los gritos, los golpes y el dolor que parecía interminable.

Me quedo despierta hasta tarde, luchando contra el miedo que se apodera de mí en la oscuridad. Me abrazo a mí misma, sus mensajes y llamadas me ayudan, pero no pueden ahuyentar los fantasmas que vuelven a acecharme en la soledad de la noche.

—¡Sadie! ¿Puedes venir un momento? —la voz de mi abuela me saca de mis pensamientos.

Suspiro y dejo el teléfono a un lado. Me levanto de la cama y camino hacia la sala, donde ella me espera con una expresión seria.

—¿Sí, abuela? —pregunto, tratando de mantener mi tono neutral.

—Quería hablar contigo sobre el domingo. Vamos a la iglesia, y creo que sería bueno que vinieras con nosotros —dice, su tono no deja espacio para la discusión.

Asiento lentamente, sabiendo que no tengo muchas opciones. Mi abuela ha estado tratando de acercarme más a la religión desde que llegué, como si eso pudiera arreglar todo lo que ha pasado.

—Está bien, abuela. Iré con ustedes —respondo, forzando una sonrisa.

Ella asiente, aparentemente satisfecha con mi respuesta, y vuelve a sus quehaceres. Me dirijo de nuevo a mi habitación, sintiéndome atrapada. La fe de mi abuela es importante para ella, y aunque respeto eso, no puedo evitar sentirme desconectada de todo.

Más tarde, me recuesto en la cama, agotada tanto física como emocionalmente. Mi teléfono vibra y veo un mensaje de Lucy: "¿Cómo te fue hoy en la fisio? Te extraño, amor."

Sonrío débilmente y le respondo: "Fue duro, pero estoy progresando. Yo también te extraño mucho. ¿Cómo va el trabajo?"

Su respuesta llega casi de inmediato: "Agotador, pero estoy manejando. Solo quiero estar contigo. Cuenta los días hasta que vuelva."

—Sabes, no esperaba escuchar tu voz tan rápido —dije, escuchando su risa a través de la llamada.

—¿No me extrañabas, rubia?

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