Lucy
Al llegar al hotel, Sadie se dejó caer en la cama como si acabara de correr una maratón. No me aguanté la risa tenía esa cara de "todo me da vueltas" que descubrí que tiene luego de un par de cocteles de más. Me senté a su lado y le di un empujoncito en el hombro.
—¿Sabes que cuando bebes mucho pareces más graciosa de lo normal? —le dije, riendo.
—¡Oh, claro! —respondió, haciéndose la ofendida—. Como si no te rieras de mis chistes malos sin ayuda del alcohol.
—Bueno, eso es porque tus chistes son... especiales—le guiñé el ojo y vi cómo hacía una mueca divertida.
Sadie se acomodó a mi lado, dejando escapar un suspiro mientras dejaba caer la cabeza en mi hombro. Permanecimos así, en silencio, dejando que el bullicio de la salsoteca quedara atrás, reemplazado por la tranquilidad de nuestra habitación.
—¿Crees que en Londres haya bares de salsa? —preguntó de repente, con una seriedad inesperada que casi me hace reír.
—¿En Londres? Lo dudo... aunque de alguna manera te las ingenias para encontrar lo que sea que te propongas. ¿Te gustó la salsa? —le pregunté con una sonrisa.
—Soy toda una experta ahora —dijo, dándome un par de palmadas en el muslo y soltando una risa espontánea, esa que me hace amarla aún más.
La observé un momento, notando la paz en su rostro. Me incliné hacia ella, y en un susurro, dije:
—¿Te das cuenta de que estamos a kilómetros de todo?
Sadie asintió, y luego se levantó un poco para mirarme, con esa chispa sarcástica en sus ojos.
—Sí, aunque lo que yo realmente noto es que estamos en otro país, otra cultura... y ya estamos preguntándonos si hay salsa en Londres —rió, y luego su expresión se suavizó al susurrar—. Me encantas, Lucy.
Sonreí, llevándome su mano a mis labios para darle un beso suave.
—Y tú a mí —murmuré, entrelazando mis dedos con los suyos—. Todo esto ha sido... perfecto. Raro, lleno de sorpresas, pero perfecto.
—Sí, perfecto —susurró, y tiró suavemente de la sábana para cubrirnos. Ambas nos acomodamos en la cama, y ella se recostó en mi pecho, relajada, con un suspiro que resonaba en la tranquilidad de la habitación.
Después de unos segundos, rompí el silencio.
—Cariño... —comencé, acariciando suavemente su cabello—, ¿puedo preguntarte algo?
Ella alzó el rostro, mirándome a los ojos, con una expresión curiosa.
—Claro, dime.
—¿Por qué estabas tan alterada en la mañana? —pregunté suavemente, recordando su respiración agitada cuando la encontré.
Sadie desvió la mirada por un momento y suspiró, como si estuviera reuniendo las palabras en su mente.
—Fue... fue mi mamá —admitió, con una sonrisa triste—. Llamó, y bueno... no fue precisamente una llamada amigable.
La abracé un poco más fuerte, sintiendo la necesidad de protegerla de todo lo que había dejado atrás. No dije nada, solo acaricié su cabello y esperé a que se sintiera lista para continuar.
—Pero, ¿sabes? No importa. Ahora estamos aquí, lejos de todo eso... y al menos hasta el próximo año no pienso preocuparme por nada —bromeó Sadie, esbozando una sonrisa que intentaba cubrir cualquier rastro de tristeza.
Le di un beso en la frente, y nos quedamos en un silencio cómodo, enredadas bajo las sábanas, sintiendo la calidez de su respiración pausada mientras el sueño poco a poco nos vencía. Antes de caer completamente dormida, me aseguré de poner una alarma en mi celular, programada para sonar en exactamente dos horas; teníamos que estar en el aeropuerto antes del amanecer.
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Nuestro Secreto
RomanceEn un viaje por obligación, Sadie, atrapada en un mundo de expectativas parentales, y Lucy, luchando por perseguir sus sueños en solitario, se cruzan en un hotel . A medida que su conexión se intensifica, se enfrentan al dilema de separarse al final...
