Déjà vu

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Sadie

Sabes cuando dicen que tienes un déjà vu, algo que ya pasó y suele ser nostálgico, y en general es algo bueno? Pues, estoy viviendo uno de esos momentos ahora mismo, al tener que hablar con mi novia por teléfono mientras cocino el almuerzo.

Sadie y su familia estaban pasando un fin de semana en la playa. Yo, por mi parte, tenía cinco reuniones esta semana con diferentes agencias y productoras, comenzando el proceso para nuestra película. Un año de papeleo y trámites estaba por delante, por lo que tuve que quedarme, y ahora nuestras conversaciones habían vuelto a ser por videollamada.

—¿Amor, me estás escuchando? —pregunta Sadie. Yo solo sonrío, perdida en mis pensamientos por un segundo, sin haber prestado atención a lo que decía.

—Te prometo que no quemaré la cocina —le digo, bromeando.

Ella se ríe, su risa dulce atravesando la pantalla.

—No dije eso exactamente, pero acepto tu promesa. Solo espero ver la cocina limpia y brillante después —me advierte, divertida.

—Estoy cansada de comer pasta —respondo entre risas, revolviendo la salsa que había preparado. Literalmente, es lo único que sé cocinar bien, pero ya estaba en ese punto en que sentía que necesitaba aprender a hacer algo más.

—¿Y por qué no cocinas el pollo que hay en la refri? —me pregunta, levantando una ceja.

—Estoy cansada de comer pollo —digo, aún riendo.

—Entonces, ¿qué no te cansa comer? —replica con una sonrisa traviesa.

—¿Respondo? —le guiño, mientras ella vuelve a reír y niega con la cabeza.

—Tal vez más tarde. ¿Qué tal te fue en la reunión de hoy? —cambia de tema, interesada.

—Esta productora fue más breve. No creo que trabajemos con ellos, quiero un equipo que me dé tranquilidad, y ellos solo quieren hacer todo rápido. No es lo que necesito —le explico. Ella asiente comprensiva—. ¿Y tú? ¿Cómo va todo con tus padres?

—Extrañamente bien. Lo peor que han dicho es preguntarnos cada rato si necesitamos dinero o si vemos algo, lo quieren comprar inmediatamente —ambas nos reímos de la situación.

—Problemas de niños ricos —bromeo, y ella me fulmina con la mirada, aunque sé que está siendo juguetona. Le devuelvo una mirada tierna, haciendo que su expresión cambie por una leve sonrisa.

—¿Extrañas mis desayunos? —me pregunta, de repente.

—Estás incumpliendo tu promesa de hacerme el desayuno todos los días —la acuso, con un tono fingidamente ofendido.

—Te debo cinco desayunos entonces.

—Y más cosas —digo, sonriendo pícaramente—, pero eso lo resolvemos después —veo cómo sus mejillas se sonrojan y sus ojos dorados brillan mientras intenta mantenerse seria. Sabía lo que estaba provocando.

—¡Ya, deja de molestarme! —dice, tratando de mantenerse firme. Sonrío, mientras sigo mezclando la pasta con la salsa—. La gente va a pensar que estamos hablando de cosas pervertidas.

—Pues que lo piensen, puedo lanzarte ese tipo de cumplidos también si quieres —le digo, sin perder el tono divertido—. Aunque, con ese bikini, no sé cómo me he podido contener.

—Hola, mamá —responde de repente, con una expresión seria. Mi corazón se paraliza por un segundo, el pánico subiendo por mi cuerpo. ¿Su madre había escuchado eso?

—¡Ja, te asustaste! —Sadie ríe tanto que casi se cae de la silla. Luego me muestra uno de sus audífonos, indicando que tenía los dos puestos todo el tiempo.

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