El sprint hacia la Navidad

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SADIE

Navidad siempre ha sido una época de emociones encontradas para mí. Desde los 7 años dejaron de ser especiales, cuando manchar el vestido blanco que me compro mi madre , me encerró en un tacho de ropa sucia y pues las reuniones familiares siempre han sido un desafío.

Este año, sin embargo, sentí una mezcla de nervios y emoción al dirigirme a la casa de mi abuela. Después de todo lo que había pasado, volver a estar con mi familia en un entorno más tranquilo me parecía casi irreal.

Mi padre nuevamente estaba de viaje, por lo que mi madre decidió que alejarme de la familia de mi padre este año seria buena idea, usualmente pasamos en la casa de mi abuela paterna, pero como resulta que ya hicieron la iniciación con conocerme ya era hora de conocer al resto de la familia.

Mi abuela vive en una casa antigua, de esas que parecen tener miles de historias escondidas en cada rincón. Su jardín está siempre lleno de flores, incluso en invierno, gracias a su dedicación. Esta noche, la casa estaba decorada con luces navideñas y un árbol enorme en la sala, cargado de adornos que había recogido a lo largo de los años.

Al llegar, siento una mezcla de nostalgia y nervios. Abro la puerta principal y soy recibida por el aroma familiar de la cocina de mi abuela. La música navideña suena suavemente en el fondo, y puedo escuchar las voces de mis familiares desde la sala.

—¡Sadie, querida! —mi abuela me recibe con un cálido abrazo, su sonrisa tan brillante como siempre—Te divertiste?

—Gracias por dejarme ir abuela —digo, devolviendo su abrazo — ¿mi madre?

—Aún no llega, así que tranquila, pero ve a cambiarte antes de que llegue — yo asiento.

—Lucy te envió esto — saco el regalo que le enviaba mi novia a mi abuela, una pequeña cajita , que al abrirla mi abuela se encontró con unos hermosos aretes de perlas.

—Son hermosos —sonrie mi abuela, al parecer por fin una persona le dio al clavo con el gusto de mi abuela—Sadie, ven a ayudarme en la cocina —me dice, llevándome hacia el bullicio de ollas y sartenes.

Mientras trabajamos juntas, aprovecho para hablarle de Lucy, aunque sin mencionar los detalles más difíciles de mi situación. Ella escucha con atención, sonriendo ante cada anécdota.

—Parece una persona muy especial —dice mi abuela, dándome una palmadita en la mano—Me alegra que tengas a alguien así en tu vida.

—Lo es, abuela. Lo es —respondo, sintiendo un nudo en la garganta.

—Bueno, tenemos mucho que hacer aún —dice mi abuela, sonriendo,La cena está casi lista

—Sadie, sé que las cosas no siempre han sido fáciles —dice, mirándome con ojos llenos de comprensión—. Pero siempre recuerda que tienes un lugar aquí, con nosotros.

Asiento, sintiendo las lágrimas acumulándose.

—Gracias, abuela. Significa mucho para mí —ella besa mi frente y sonríe. —Ve a bañarte, apestas a ajo. Además, tu madre casi se infarta al verte aún en fachas —se burla riendo. Yo asiento y me retiro a la habitación de invitados donde me espera la tortura de esta noche.

Va a ser una larga noche, eso seguro. Me baño y me pongo el vestido escogido por mi madre, sacándolo de mi mochila. Me aseguro nuevamente de que el regalo de mi novia esté seguro.

Me arreglo un poco el cabello, que el día anterior mi madre había obligado a hacerme la keratina, por lo cual parecía lamida de caballo. Ahorita agradecería tener algunos de esos maquillajes de mi novia para tapar mi cara, que estaba con algunos granos, pero son solo detallitos.

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