Vamos

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SADIE

El sonido del cierre de la maleta de mi madre resonaba en la habitación, y aunque era algo habitual, esta vez sentí un nudo en el estómago. Observaba cómo ella organizaba meticulosamente sus pertenencias, su expresión seria pero expectante, mientras yo luchaba internamente con una decisión que había estado posponiendo durante demasiado tiempo.

Cada vez que mi madre se preparaba para partir hacia otro seminario en Quito, sentía el peso de mis secretos aplastándome. Siempre había sido maestra en mantener una fachada impecable, ocultando la verdad sobre mi vida y mis sentimientos más profundos. Pero esta vez, algo en mí estaba diferente.

Sin embargo, las palabras se negaban a salir. Se atascaban en mi garganta, como si el miedo y la incertidumbre me paralizaran. Sabía que esta conversación sería difícil, pero también sabía que ya no podía seguir evitándola. Tenía que pregúntale, si por una vez me dejaría viajar sola con una amiga, se que su respuesta será no , pero por lo menos lo intentare.

—Si tienes tu licencia, te toca llevarme al aeropuerto — dice sin despegar la mirada del celular.

—Mmm, claro — respondo mientras agarro su pesada maleta para llevarla al maletero.

"Dale, Sadie, no puedes distraerte", me digo a mí misma. "Espabila, tío", añado mentalmente, solo para ver si estoy atenta. Me concentro, luchando contra las distracciones que el TDAH tiende a traer consigo.

—Por cierto, ¿te puedo preguntar algo? —le digo mientras regreso a la sala.

—No te voy a dar dinero, suficiente con tener que pagar tu pensión y las cosas que necesitas — responde mi madre frunciendo el ceño.

—No es eso. Mis amigos de la universidad me preguntaron si quería unirme a un viaje. Propusieron ir a Cuenca —trato de no mirarla para no ponerme nerviosa.

—¿Para qué quieres ir? —pregunta ella, con una nota de recelo en su tono.

—Viajar un poco, relajarme, no sé —respondí, sintiendo la tensión en el aire mientras esperaba su respuesta.

—Quédate donde está tu amiga —me dice, levantando la mirada y dejando claro que no hay lugar para discusión.

—Pero, mamá, necesito un descanso. Ya sabes lo estresante que ha sido todo últimamente —insisto, tratando de mantener la calma.

—Tienes tus responsabilidades aquí, Sadie. No puedes simplemente salir de paseo cuando se te antoje —responde, su tono elevándose.

—¡Pero yo también merezco un respiro de vez en cuando! —exclamo, sintiendo cómo la frustración comienza a crecer dentro de mí.

La discusión se intensifica, las palabras se vuelven más afiladas, cada una de nosotras defendiendo nuestros puntos de vista con determinación.

Finalmente, después de una larga y tensa conversación, mi madre suspira profundamente y me mira con una mezcla de resignación y comprensión.

—Está bien. Ve a tu viaje, pero asegúrate de cuidarte y comportarte con responsabilidad. No quiero recibir ninguna llamada preocupante mientras estés fuera —dice, cediendo finalmente, es la primera vez que consigo algo así— ahora vamos , que no puedo llegar tarde.

Son las 6 de la mañana, llevo 0 horas de sueño y 3 horas de tránsito. Solo quiero llegar a casa y dormir para terminar de arreglar las cosas para el viaje. Tengo que avisarle a Lucy que iré.

—Concéntrate, casi chocas —la voz de mi madre me hace tensar—. ¿Y qué amigas irán en el viaje ese?

—Vanessa, Flor, Camila y Lucy —le digo, técnicamente no todo es mentira.

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