Bien

63 7 0
                                        

Sadie

BIEN, BIEN. No dormir realmente me hace más productiva. ¿Qué es dormir, al fin y al cabo? Dormir debería ser un pecado capital. Quizás cuando duermes, significa que te estás perdiendo algo importante. Así que aquí estoy, sin dormir, y miren: soy el éxito.

Acabo de encontrar la solución para grabar y hacer música. No es tan complejo, pero me llevó tres días, muchos tutoriales, una cantidad absurda de cables, y montar un sistema de audio decente. Por suerte, Lucy ha tenido turnos largos, así que llega prácticamente a dormir y ni se asoma por nuestro pequeño estudio.

Le agradezco a la vida por ese taladro que compré; ahora tenemos una habitación con una acústica impresionante. El micrófono que usaba en la universidad para grabar trabajos de voz ahora es mi micrófono de estudio. Aunque ya pedí uno nuevo, de momento este me sirve para practicar, y no está nada mal.

Grabe un par de cosas. No, no estaban afinadas, pero sonaban lo suficientemente bien como para probar y grabar algo serio más adelante. Hoy tengo que ensayar mi pitch. No es tan difícil, ya conocen la historia; solo tendría que...

Sí. Me estoy muriendo de sueño... Solo un ratito más...

—Amor, ¿Sadie? —siento cómo Lucy acaricia suavemente mi rostro.

—Mmm... —murmuro, aún adormilada, enterrando mi cara en la almohada.

—No deberías estar camino al café ya? —pregunta con una mezcla de ternura y preocupación. Abro los ojos de golpe, el sueño desaparece instantáneamente.

—¡MIERDA, el pitch! —Me levanto de un salto, los nervios apoderándose de mí.

Lucy golpea mi hombro con suavidad, riendo mientras me lanza una toalla.

—Te dije que no te acostaras tan tarde. Ve a cambiarte rápido, iré a encender la moto —dice mientras ya se dirige hacia la puerta.

Me visto a toda prisa, apenas con tiempo para pensar. Cuando bajo, Lucy ya está afuera con la moto lista, el motor encendido y su cabello recogido en una coleta rápida. Me lanza un casco y, antes de que me dé cuenta, ya estamos en camino.

Lucy

Siempre es así con Sadie. Se mete de lleno en todo lo que hace, hasta que olvida que el mundo sigue girando fuera de su pequeño universo creativo. A veces me pregunto cómo logra hacerlo todo, pero luego la veo correr de un lado a otro, buscando papeles, cables, ideas, y me doy cuenta: esa es Sadie. Mi Sadie.

Conduzco hacia el café mientras ella se retuerce detrás de mí, seguramente repasando mentalmente su presentación. Sé que está nerviosa, pero también sé que lo va a hacer increíble. Cuando llegamos al café puedo ver a través de los grandes ventanales cómo cuatro personas esperan en una mesa en la esquina.

Sadie se baja rápidamente de la moto, me lanza una mirada de pánico.

—Lo harás bien , suerte , te amo —ella me da una sonrisa.

Y sin decir una palabra, entra al café. Yo me quedo afuera unos minutos más, apagando la moto y respirando hondo. Es su momento, pienso, mientras la veo desde la puerta.

Sadie

Entro al café y veo a las cuatro personas esperándome. No parecen hostiles, lo cual ya es un alivio. Me acerco a la mesa con una sonrisa lo más confiada que puedo y me siento, dejando mis notas sobre la mesa.

—Hola, buenos días. Soy Sadie, un placer estar aquí.

Después de una breve introducción, respiro hondo. Es ahora o nunca. Empiezo a hablar, tratando de que mi voz no tiemble.

Nuestro SecretoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora