Bajo la Superficie

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SADIE

Entonces, ¿qué mal tengo que pagar para que mi suegra me necesite en su fiesta de cumpleaños y de paso tenga que ponerme un vestido ceñido al cuerpo con tacones altos, en los que probablemente me caeré apenas me los ponga?

Veo a mi novia por el reflejo del baño del departamento de Vanessa, concentrada mientras me plancha el cabello. Se veía hermosa; su madre, a pesar de ser una señora sin corazón, tenía buen gusto en moda. El vestido le quedaba perfecto, casi hecho a medida, de un color que resaltaba sus tormentosos ojos camaleónicos, que hoy estaban color gris, uno de mis colores favoritos.

—Tienes demasiado cabello —dice riendo mientras sigue pasando la plancha.

—En mi defensa, no tengo defensa —bromeo.

—Te queda hermoso el vestido —dice sonriendo—. Por lo menos te dio una buena elección.

—No me puedo quejar —ella sonríe mientras termina de arreglarme el cabello.

—Ahora sí, todos mis primos van a querer estar contigo —susurra en mi cuello. Yo me levanto, dejándonos frente a frente—. Pero solo yo te puedo tener conmigo.

Agarra mi mano entre las suyas y besa mis labios rápidamente.

—Me alegra que no te pusieras gloss —le digo, haciendo que sonría.

—A mí también me alegra —toma mi mano y salimos de la habitación de invitados. Nos encontramos con Vanessa, que le da masajes en los pies a Emilia.

—Y así es como mi mejor amiga se ve sin ropa ancha y con un poco de maquillaje —se burla Emilia, riendo.

—Shhh, calla que se te explota el estómago —ella me saca el dedo del medio y yo me río.

Siento un golpe en la nuca de parte de mi novia. Me quedo viéndola, pero ella solo me da una adorable sonrisa.

—No le digas eso a una mujer embarazada, no seas imprudente —yo asiento y rodeo a mi novia con un brazo por la cintura.

—Lo que tú digas —beso su frente y siento un flash proveniente del celular de mi mejor amiga.

—Deja de tomarnos fotos —la fulmino con la mirada. Ella solo se ríe y hace un puchero mientras ve la foto.

—Se ven adorables —dice mientras nos muestra el celular. Las fotos eran realmente hermosas—. Incluso tu sobrino lo dice.

Veo su estómago moverse, lo que aún me impresiona mucho. Mientras, a las otras tres chicas que tengo a mi alrededor les parece adorable.

—Creo que llegó nuestro transporte —dice Lucy mientras se acerca a despedirse de Emilia y Vanessa.

—Bueno, si es que no terminan tan tarde y el ogro está despierto, me avisas y las voy a ver —susurra Vanessa. Me acerco a chocar su puño.

—Gracias —susurro. Salimos del apartamento mientras trato de no caerme por los tacones. Por suerte, no eran tan altos; probablemente mi madre me vería así y me diría que por fin decidí ser mujer.

Un auto completamente negro nos esperaba afuera de la recepción. Apenas nos acercamos, el mayordomo se aproxima a abrir la puerta.

Entramos en el auto y nos tomamos de la mano durante todo el camino sin decir nada. Yo solo pensaba en que, después de luchar tanto por no hacer estas cosas con mi madre, lo hacía tan fácilmente ante mi novia.

Sé que no es lo correcto, pero me siento bien vestida así. En realidad, me siento hermosa, a pesar de que no elegí la ropa. Mi novia hizo un gran trabajo con el maquillaje sutil y el peinado.

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