LUCY
Habían pasado unos meses desde que la madre le había dejado otra cicatriz en la cabeza a Sadie. Durante este tiempo, nuestra relación solo había avanzado en comparación con el resto de las personas en su vida: su madre ya no me permitía ir a su casa y no quería tener nada que ver conmigo. Decidió borrarme de su vida por completo.
Sin embargo, gracias al apoyo de nuestros amigos y conocidos, lográbamos vernos de vez en cuando, usando excusas relacionadas con la universidad y el trabajo. Sadie había comenzado a trabajar en una agencia de marketing, pero se sentía atrapada. Todos los días hacía 4 o 5 videos para personas que no la hacían feliz.
Aunque ganaba bien, algo bastante difícil de encontrar en Ecuador, la inestabilidad económica del país siempre nos afectaba. Pero con esfuerzo, todo se conseguía. Ya había terminado la mitad de mi contrato y no parecía que tuviéramos que renovarlo. Realmente, la industria para la que trabajaba consistía en cantar las mismas canciones una vez a la semana y seguir adelante. Había pensado en hacer un álbum, pero preferían regrabar canciones ya existentes.
No es que me disgustara, ya que vivía haciendo lo que me gustaba, pero sentía que mis intereses habían cambiado. No podía dejar de pensar en mi idea de abrir una cafetería. Sé que suena muy básico, pero el concepto de tener un lugar que presentara todo tipo de arte me parecía interesante.
—Sadie, ¿me puedes pasar eso? —pregunta Emilia desde la cocina, su enorme vientre ya no le permitía hacer muchas cosas. Estaba embarazada de 7 meses, el tiempo había pasado volando. Vanessa no dejaba de preguntar constantemente sobre su estado y venía todos los fines de semana. Le había tomado gusto a manejar.
En este momento, Vanessa se había quedado en la ciudad por un proyecto de pasantías que tenía que realizar como requisito de graduación, por lo que envió a mi novia a hacerle compañía a Emilia, lo cual no me molestaba en absoluto.
—Sí, claro, eso pasa por jugar al vaquero sin sombrero —se burla Sadie, haciendo que Emilia se cruce de brazos.
—Tu sobrino existe gracias a eso, así que no te quejes —responde Emilia, lo que hace que Sadie se ría.
—Lu, ¿no quieres darle un primito? —se burla, sabiendo que la idea de tener un bebé bajo su responsabilidad no es su favorita, aunque hemos estado trabajando en eso durante estos meses.
—Claro, ¿empiezo a buscar donadores? —respondo en tono serio, haciendo que su rostro pierda cualquier rastro de color. No puedo evitar reír.
—Sí, eh, creo que iré a comprar agua —susurra mientras intenta ponerse un abrigo. Me acerco y la rodeo con mis brazos.
—Es broma —ella suspira.
—Que no se repita, por favor, al menos no por ahora —yo me río y asiento.
—Lo pensaré.
Emilia se marcha en busca de algo para comer, dejándonos a Sadie y a mí a solas en el apartamento. Nos miramos y compartimos una risa cómplice por la situación. A pesar de las dificultades con su madre y las presiones externas, Sadie siempre encontraba la manera de mantener el ánimo y el buen humor.
—Lu, ¿alguna vez te has imaginado tener hijos? —pregunta de repente, su mirada buscando la mía en busca de sinceridad.
La pregunta me toma por sorpresa, pero intento responder con honestidad.
—No lo sé, nunca me he detenido a pensarlo seriamente. Supongo que es algo que me gustaría en el futuro, pero no me siento preparada para eso en este momento. ¿Y tú? —pregunto, devolviéndole la pregunta.
ESTÁS LEYENDO
Nuestro Secreto
RomanceEn un viaje por obligación, Sadie, atrapada en un mundo de expectativas parentales, y Lucy, luchando por perseguir sus sueños en solitario, se cruzan en un hotel . A medida que su conexión se intensifica, se enfrentan al dilema de separarse al final...
