Sadie
El aeropuerto estaba lleno de ruido, pero, en mi mente, todo estaba en silencio. La verdad es que no tenía nada que decir, o quizás tenía demasiado, y ninguna palabra me parecía suficiente. Lucy estaba frente a mí, tratando de mantener una sonrisa mientras ajustaba la correa de su mochila.
Ella termina de cerrar la última cremallera y se me acerca, sosteniendo algo en la mano.
—Oye, tenía esto para ti. —Lucy se ríe suavemente y abre su palma, revelando un anillo sencillo de color negro, justo como los que me gustan. Miro el grabado dentro del anillo: "Volveré". Apenas puedo reaccionar; siento que las palabras se me atascan en la garganta.
—Es simple, como los que usas —dice en un susurro, observando mi expresión—. Y, bueno, sé que es una tontería, pero es para que lo lleves mientras estoy lejos. Como un recordatorio.
—O quieres que nadie se me acerque —le digo bromeando.
—Eso es un buen plus
Intento sonreír, pero siento un nudo en el pecho. Sin decir nada, deslizo el anillo en mi dedo, incapaz de mirarla a los ojos.
—Gracias, Lu —respondo al fin, con la voz un poco más baja de lo que planeaba. No soy buena en esto. Ella lo sabe.
Finalmente, en la puerta de embarque, ella me mira, con una mezcla de emoción y tristeza en los ojos.
—Prometo que no será para siempre —dice, con una sonrisa que intenta ser valiente. dejo un suave beso en su frente y murmuro.
—Te esperaré, Lucy.
Lucy me mira un segundo más. Su sonrisa se vuelve un poco más temblorosa, pero sigue ahí, luchando por quedarse.
—Voy a llamarte en cuanto llegue, ¿ok? Y, por favor, no te encierres en casa solo porque no estoy —dice, con esa risa que intenta suavizar el momento.
Asiento, aunque sabemos que es una media verdad. La idea de que esté lejos, a miles de kilómetros, todavía se siente como algo imposible. Nos quedamos ahí, solo mirándonos, con un millón de palabras en silencio.
No sé qué decir, y me aterra decir algo que no suene como lo siento. Pero antes de que mi mente pueda atascarse de nuevo, la abrazo con fuerza, presionando mi frente contra su hombro y respirando ese aroma familiar.
—Oye... nos volveremos a ver antes de que te des cuenta —susurra ella, como si también estuviera intentando convencerse. Su mano me acaricia la espalda, y aunque no quiero soltarla.
Llaman a los pasajeros de su vuelo, y ella toma aire. Me suelta despacio, mirándome una última vez, y yo intento no dejar ver todo lo que estoy sintiendo en ese momento.
—Te odio un poco por esto, ¿sabías? —dije riendo.
Lucy me miró con esa mezcla de ternura y determinación que solo ella tiene. Se inclinó hacia mí y me dio un beso lento y profundo, como si quisiera dejarme una última impresión que pudiera sentir cuando estuviera sola en la cama o caminando por la ciudad.
—Prométeme que vas a hacer cosas increíbles mientras no estoy —susurró, apoyando su frente contra la mía—. Que vas a cuidarte, y que, por favor, no vas a dejar que Mapi destruya todo.
—Lo prometo —contesté en voz baja, obligándome a sonreír.
Unos segundos después, la voz de la llamada de su vuelo resonó en el altavoz, y yo sentí un vacío en el estómago. Lucy dio un paso atrás, me miró una última vez, con un brillo triste en sus ojos, y comenzó a caminar hacia la puerta de embarque.
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Nuestro Secreto
RomanceEn un viaje por obligación, Sadie, atrapada en un mundo de expectativas parentales, y Lucy, luchando por perseguir sus sueños en solitario, se cruzan en un hotel . A medida que su conexión se intensifica, se enfrentan al dilema de separarse al final...
