LUCY
El último día del año llegó con un aire pesado y un cielo gris que parecía reflejar mi estado de ánimo. Era 31 de diciembre, y habían pasado seis días desde que la madre de Sadie se la llevó. No había tenido noticias de ella desde entonces, y la angustia de no saber nada me estaba matando lentamente ni si quiera su abuela sabia dónde estaban.
Cada día desde aquel fatídico momento, había pasado por la casa de Sadie con la esperanza de ver alguna señal de vida, algún indicio de que ella estaba bien. Pero cada vez que me acercaba a su puerta, la casa estaba vacía, sin rastro de movimiento o actividad. La incertidumbre me comía por dentro, y cada día sin respuesta sentía como si una parte de mí se estuviera desvaneciendo.
Esta mañana, me levanté temprano, con la esperanza de que hoy podría ser diferente. Me vestí rápidamente y salí del departamento, con el corazón hecho una bolita pero aún aferrándome a un hilo de esperanza.
Caminé las calles de Guayaquil, normalmente bulliciosa lo habitual debido a las festividades de fin de año.
Cuando llegué a la casa de Sadie, me acerqué lentamente, temiendo y deseando a la vez encontrar algo diferente. Pero como todos los días anteriores, la casa estaba en silencio, sin señales de vida. Me quedé allí, parada en la acera, mirando la puerta cerrada, sintiendo una mezcla de desesperación y tristeza.
Me dirigí a una banca cercana y me senté, dejando que las lágrimas finalmente cayeran. Pensé en todo lo que habíamos pasado juntas este año: la alegría, las risas, los momentos difíciles. A pesar de las amarguras, había sido un año bueno porque lo había compartido con Sadie. Pero ahora, sin ella, el final del año se sentía vacío y sombrío.
Mi teléfono sonó, sacándome de mis pensamientos. Era Vanessa.
—Hola, Lucy. ¿Estás bien? —preguntó con suavidad.
—No realmente —respondí, tratando de mantener mi voz firme—estoy... estoy tan preocupada.
—Lo sé, todas estamos preocupadas —dijo Vanessa—. Emilia y yo estamos aquí para ti. ¿Por qué no vuelves al depa? No tienes que pasar esto sola.
—Gracias, Vanessa. Solo... necesito un poco más de tiempo aquí. Quiero estar cerca por si acaso hay alguna noticia.
—Entiendo. Solo recuerda que no estás sola, ¿sí? Te queremos, y vamos a encontrar a Sadie.
—Gracias —respondí, sintiendo un poco de consuelo en sus palabras—. Las quiero también.
Colgué el teléfono y me quedé sentada, mirando la casa de Sadie. Los minutos pasaron y el día avanzó lentamente, cada segundo una tortura de espera e incertidumbre. Cuando el sol comenzó a ponerse, las luces de la ciudad empezaron a encenderse, anunciando la llegada de la noche y el fin del año.
Me obligué a levantarme de la banca y comencé a caminar de regreso al departamento de Vanessa. Mientras caminaba, mi mente estaba llena de recuerdos de Sadie, de nuestra primera Navidad juntas, de su risa, de la manera en que sus ojos brillaban cuando hablaba de sus sueños.
La extraño y me preocupa donde esta, pero no es por estar alejadas, es por la manera en la que la alejaron de mi lo que me preocupa.
Llegué a la casa de Vanessa y Emilia, y me recibieron con abrazos. Nos sentamos juntas, tratando de encontrar algo de normalidad en medio de la tormenta emocional. Pero justo cuando empezábamos a cenar, mi teléfono sonó nuevamente.
Mi corazón dio un vuelco al ver el número en la pantalla. Era la abuela de Sadie.
—¡Hola! —dije rápidamente, tratando de mantener la calma—. ¿Alguna noticia?
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Nuestro Secreto
RomanceEn un viaje por obligación, Sadie, atrapada en un mundo de expectativas parentales, y Lucy, luchando por perseguir sus sueños en solitario, se cruzan en un hotel . A medida que su conexión se intensifica, se enfrentan al dilema de separarse al final...
