Rapunzel

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SADIE

Abro los ojos lentamente, sintiendo el suave roce de las sábanas sobre mi piel. El sol de la mañana se filtra por las cortinas entreabiertas, bañando la habitación en una luz cálida y reconfortante. Al girar la cabeza, veo a Lucy dormida a mi lado, su rostro sereno y relajado, y una sonrisa se forma automáticamente en mis labios al verla.

Con cuidado, me deslizo fuera de la cama para no despertarla, pero ella se remueve ligeramente y abre los ojos, parpadeando con somnolencia.

—Buenos días, amor —susurro con una sonrisa, acariciando su mejilla con ternura.

Lucy sonríe adormilada y me devuelve el saludo, estirándose perezosamente antes de sentarse en la cama, frotándose los ojos con las manos.

—Buenos días, mi amor —responde con voz suave, y su sonrisa ilumina la habitación.

Me inclino hacia adelante y le doy un beso suave en los labios.

—¿Qué haces dormida en mi cama? —pregunto con una sonrisa, tomándole la mano y dejándome guiar de nuevo hasta la cama—Perdón, nuestra cama.

Le doy un beso suave, incapaz de contener mi alegría al verla allí, entre mis sábanas. Siempre pensé que sería un sueño verla dormir en nuestra cama.

—Gracias, cariño —responde ella con una sonrisa, mientras una de mis manos se desliza debajo de su camiseta, acariciando su cintura desnuda.

—No hagas eso, amor. No quiero meternos en problemas con tus padres durmiendo cerca —dice riendo, pero la acerco más a mí, trazando una línea de besos en su cuello.

—Amor, yo no he dicho que vaya a hacer nada —contesto, mientras me levanto para buscar un short.

—Seguro, seguro —se burla ella, alejándose y levantándose también. Río, mordiéndome el labio, y luego le hago un puchero—¿No quieres ir a visitar a Vanessa? Su habitación está al lado y está sola.

—Podría ser, pero primero vamos a saludar a tus padres antes de irnos —dice, quitándose la camiseta y arrojándomela. Como de costumbre, se cambia frente a mí, y no puedo evitar mirarla mientras se pone el vestido de la noche anterior.

—Prefiero ese vestido en el suelo, pero sobre ti no se ve nada mal —le digo, y ella ríe, recordando los momentos de la noche anterior.

—Sí, eso fue divertido —dice, y me doy cuenta de lo borrosos que son mis recuerdos de la noche anterior.

—Lu —me dice sonriendo—. No había otro apodo más largo.

—¿Te gusta? —pregunto, y ella asiente.

—Me encanta, eres muy tierna cuando lo dices. Además, es mejor que "pequeña".

—Pero siempre serás mi pequeño mapache —bromeo, y ella niega riendo—. Sabes, podrías quedarte con mi camiseta y te puedo dar un short para que no tengas que ir con ese vestido en la moto.

—¿Celosa, rubia? —pregunta, y asiento.

—Para nada, solo cuido lo que es mío —respondo, y ella se acerca, colocándose entre mis piernas.

—Tomaré tu oferta, solo porque este vestido es caluroso —dice, y le paso un short más corto.

Se acerca y me da un beso en la mejilla antes de dirigirse al baño. Yo me miro en el espejo, atándome el cabello en una cola de caballo, y salgo en busca de alguien en casa. Encuentro a mi madre en la cocina, quien me mira con desaprobación.

—Tienes 22 años, Sadie, y tenemos visitas en casa. No puedes estar vestida como un vagabundo después de una fiesta —dice, pero la ignoro y me sirvo un vaso de agua.

Nuestro SecretoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora