Sadie
La carretera hacia Cuenca tenía un aire nostálgico... Lucy tarareaba Memories de Conan Gray mientras yo mantenía mis manos en el volante, fingiendo una tranquilidad que estaba muy lejos de sentir.
El viaje era largo, y en medio del camino decidimos detenernos en el Cajas. Era su idea. Decía que quería respirar aire fresco y estirar las piernas, pero para mí este lugar era algo más. Fue aquí donde todo cambió, donde me di cuenta de que Lucy no era cualquier persona en mi vida.
Aparqué el auto en un área segura y bajamos al frío característico del páramo. Lucy giró sobre sus talones, estirándose como si acabara de despertar de un sueño profundo.
—¡Qué frío! —dijo mientras se subía la bufanda.
—Vamos, te prometo que valdrá la pena —dije mientras sacaba una pequeña mochila del auto y le daba mi chaqueta.
Ella me miró, levantando una ceja.
—¿Eso dijiste la última vez que me trajiste aquí?
Reí mientras negaba con la cabeza.
—Fue diferente, entonces eras tú quien me guiaba.
Nos adentramos en el camino de tierra que llevaba a la laguna, ese mismo que hace años me mostró con tanta ilusión. Me acordé de cómo había sido aquel primer día y esa sonrisa que parecía desarmar cualquier excusa que pudiera dar para no quedarme.
—¿En qué piensas? —preguntó Lucy, interrumpiendo mi pequeña burbuja de recuerdos.
—En la primera vez que vinimos aquí —dije sin mirar atrás, queriendo que el aire fresco disipara el rubor que me subía por el cuello.
Lucy no dijo nada, pero pude escuchar su risa suave mientras sus botas crujían contra el sendero.
—Te sigo ganando en la caminata, ¿eh? —dijo, acelerando el paso hasta dejarme atrás.
—¡Espera! —grité, fingiendo que el aire de la altura me afectaba más de lo normal.
Cuando finalmente llegamos, ahí estaba la laguna, exactamente como la recordaba un espejo de agua que reflejaba los rayos del sol como si estuviera hecho de miles de diamantes.
Lucy se detuvo y miró fijamente el paisaje.
—Nunca pensé que volveríamos aquí juntas —dijo en voz baja, como si el viento pudiera llevarse sus palabras— creí que no, nos volveríamos a ver.
—Imposible, te funciono muy bien el amarre —respondí mientras me sentaba en el pasto, recordando cómo habíamos llegado aquí por primera vez.
Me incliné hacia ella, dejando que el viento despeinara mi cabello.
—¿Qué piensas? —pregunté, tomando su mano.
Ella se giró hacia mí sonriendo.
—Que este lugar siempre será especial. Porque es donde comenzó todo para mí.
No sé si lo dijo de forma consciente, pero sus palabras resonaron en mi pecho. El lugar donde todo comenzó. No solo para ella, sino para nosotras. Ese ya no hay vuelta atrás , ese todo o nada.
Nos quedamos allí un rato más, simplemente dejando que el momento hablara por sí mismo. Cuando el sol empezó a bajar, regresamos al auto, listas para continuar nuestro viaje hacia el hotel.
La carretera continuaba, y la voz suave de Olivia Rodrigo llenó el auto cuando Favorite Crime comenzó a sonar en la radio.
—Esta va para ti, Sadie —dijo con tono juguetón, llevándose una mano al pecho dramáticamente, como si estuviera en un concierto. Y comenzaba a cantar.
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Nuestro Secreto
RomanceEn un viaje por obligación, Sadie, atrapada en un mundo de expectativas parentales, y Lucy, luchando por perseguir sus sueños en solitario, se cruzan en un hotel . A medida que su conexión se intensifica, se enfrentan al dilema de separarse al final...
