SADIE
Si antes me quejaba de tener 22 años y no haber cumplido todas las promesas que me hice de más joven, me retracto, porque ahora mismo estoy viendo el sueño más hermoso de todos.
Observo cómo su respiración es suave y rítmica, su pecho subiendo y bajando lentamente mientras duerme sobre el mío. Suspiro, sintiendo una paz que solo su presencia me trae. Acaricio su espalda baja con delicadeza mientras con la otra mano tecleo en mi computadora, sintiendo el calor de su piel a través de la tela de su camiseta. Estoy preparando mi regalo para el Día de la Madre mientras organizo todo para el concierto de esta noche.
De vez en cuando, mi mano se detiene en su espalda, trazando pequeños círculos con el pulgar. Estoy un poco nerviosa; no es mi primera cobertura de un concierto, pero nunca antes había utilizado un teleobjetivo como el que me van a prestar. De reojo, miro el equipo preparado en una esquina de la habitación, todo listo y ordenado para la noche. Si todo sale bien, será una gran adición a mi portafolio.
Su cuerpo se mueve ligeramente, acomodándose más cerca de mí, y su cabello roza mi mentón. Una sonrisa se forma en mis labios al ver su expresión tranquila.
—Descansa —me susurra la responsable de mis pensamientos, su voz suave y adormilada.
Me detengo por un momento, bajando la mirada hacia ella. Sus ojos apenas están abiertos, sus labios curvados en una pequeña sonrisa.
—Duerme, princesa, yo solo soy tu almohada —le susurro de vuelta, inclinándome para besar su frente. Siento cómo se relaja bajo mi toque, y una pequeña risa se escapa de sus labios.
—No, quiero dormir contigo —su voz es apenas un murmullo, y sus palabras me hacen reír.
—Estás durmiendo conmigo —le respondo con una sonrisa, deslizando mi mano debajo de su camiseta, dejándola descansar en la calidez de su espalda. Suspiro al sentir la suavidad de su piel, y ella se acurruca más cerca.
—¿Cuánto dormiste ayer? —pregunta de repente, levantando un poco la cabeza para mirarme. Sus ojos, aún medio cerrados, me estudian con preocupación.
Pienso en las pesadillas, en las largas horas despierta en la oscuridad de la noche, y sé que debería ser honesta, pero...
—Como ocho horas —miento, apartando la mirada y volviendo a la pantalla de la computadora.
Ella frunce el ceño, claramente sin creerme. Se incorpora ligeramente, apoyándose en su codo y mirándome con esos ojos que siempre saben más de lo que digo.
—No te creo, conozco a mi mapache y sé cuándo duerme y cuándo no —dice, deslizando su mano por mi brazo hasta llegar a mi mano, la cual toma con suavidad. Se inclina hacia mi hombro, su cabeza descansando en él mientras mira la pantalla conmigo.
—¿Qué escribes? —pregunta con curiosidad, su voz suave y reconfortante.
—Mi regalo para el Día de la Madre —le explico, dejando escapar un suspiro.
—Me había olvidado de que tenías que regalarle algo a tu madre obligatoriamente —dice con una risa suave, y asiento.
—También tengo que regalarte algo a ti. Ya no falta mucho para tu cumpleaños —le recuerdo, y la veo sonreír, sus mejillas sonrojándose ligeramente.
—Y para nuestro aniversario de un año. Es increíble cómo pasa el tiempo —murmura, sus dedos jugueteando con los míos.
—A tu lado pasa volando. Es más, ni me di cuenta en qué momento completé todas mis materias —le respondo con una sonrisa. Ella ríe, y el sonido me envuelve como una melodía que no quiero que termine.
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Nuestro Secreto
RomanceEn un viaje por obligación, Sadie, atrapada en un mundo de expectativas parentales, y Lucy, luchando por perseguir sus sueños en solitario, se cruzan en un hotel . A medida que su conexión se intensifica, se enfrentan al dilema de separarse al final...
