El funeral

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SADIE

Cuando llego a casa, todo está tranquilo. Supongo que no hay nadie para recibirme, excepto Red, quien mueve la cola energéticamente mientras olfatea toda mi ropa. Supongo que el olor de Mapi la hace dudar de dónde estuve, pero mientras no le diga nada a mi madre, todo estará bien.

Pongo toda la ropa a lavar y me quito la venda para cambiarla. Por suerte, con un espejo, puedo hacerlo sin problemas. Mi teléfono recibe una notificación, un mensaje de mi novia. Es un video en el que Mapi juega con su cabello mientras está en el sofá.

—Sadie, ¿estás en casa? —escucho la voz de mi padre y rápidamente cubro la herida y oculto el vendaje debajo del lavadero cuando entra con una camisa negra.

—Hola, papá —saludo sonriendo, y él me envuelve en sus brazos.

—¿Hace cuánto llegaste? —pregunta.

—Hace un rato —respondo mientras me abraza.

—¿Cómo estuvo el viaje? —me pregunta con una sonrisa.

—Todo bien, casi morimos, pero bien —bromeo.

—Me alegra, cariño. ¿Y mamá? —pregunto, y su expresión se vuelve triste.

—Se quedó con tu madrina —explica.

—¿Irás mañana? —pregunto, preocupada.

—Mañana supongo que irá tu abuelo, tu madre está muy afectada, no la dejaremos sola —me responde.

—Está bien, iré mañana. ¿Sabes quiénes más van a ir? —pregunto con curiosidad.

—Tu tía Raquel, Alonso y Mary, creo —responde, y asiento, al menos no estaré sola.

Terminamos nuestra conversación y mi padre se retira. Por suerte, no pregunta nada sobre el día de tardanza. Me aseguro de que la herida ya no esté sangrando y decido no ponerme un vendaje. Según Google, es bueno dejar respirar la herida.

Envío un mensaje a Lucy informándole que voy a dormir y me acuesto en mi cama, imaginando su hermosa sonrisa.

***

Me visto con un pantalón y una camisa de puntos blancos y negros, son lo único que tengo que no sea muy informal, grande y negro.

—No te puedes poner un vestido chucha de tu madre —mi madre me mira mientras entro a mi habitación.

—Es lo único formal negro que tengo, mamá —le digo suavemente, sin querer alterarla más.

—¡Carajo!, por lo menos ponte zapatillas.

—Mamá, recuerda que tengo que llevar a la abuela en la silla de ruedas —ella bufa y sale de la habitación.

Eran las 10 am, ya deberíamos estar llegando a recogerla. Reviso mi celular y veo otro mensaje de Lucy deseándome suerte junto a una foto de Mapi. Esa gata se había robado mi corazón al igual que su dueña.

Mi pantalla se ilumina mostrando el nombre de mi novia, no tardo en contestar mientras me pongo los audífonos para seguir vistiéndome y hablar con ella.

—Buenos días, cariño —escucho su voz dulce.

—Hola, enana.

—Yo te trato bien y tú me tratas feo —ambas reímos mientras termino de ponerme unos zapatos deportivos.

—Todo bien, ¿con nuestra pequeña? —pregunto.

—Es la gata más buena que conozco. Por cierto, gracias por las camisetas —ayer le dejé tres de mis camisetas dobladas en su mesa de noche; me encantaba verla con esas camisetas puestas—. Su olor me hace extrañarte menos.

Nuestro SecretoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora