SADIE
Saben, cuando les digo que el mundo se cae en pedazos cada vez que estoy algo feliz, es que literalmente cada vez que me caigo en pedazos el mundo está feliz... espera, ¿era al revés? Bueno, la cuestión es que escribir un guión sobre cómo conocí al amor de mi vida me trajo tantas cosas buenas y a la vez tantos sacrificios. Por ejemplo, tener que esconder esa historia, incluso cuando se supone que es un proyecto universitario. Por el bien de mi salud mental, decidimos cambiar los géneros de los personajes y se grabó como un cortometraje heterosexual.
¿Saben lo diferente que es mi historia de esa manera? La forma en la que los personajes se conectaron desde la primera vez que se vieron era algo raro para todos. Esos son los cambios que realizó la maestra de titulación. Sin embargo, no lo creo así.
A ver, pero no nos vayamos del tema. Ahora mismo estoy con mi madre y mi abuela recorriendo el centro comercial, en busca de ropa para ellas, cuando podría estar relajada en la cama de mi novia leyendo un libro.
—Ese vestido es lindo, pero es para altotas con buenas piernas. A mí me quedan como ropero —dice mi abuela revisando la ropa.
—Lo haces arreglar y listo —mi madre responde, pero mi abuela niega con la cabeza.
—Le quita todo lo bonito —reniega mientras la sigo empujando en la silla de ruedas—. ¿Tú qué te vas a poner?
—Buena pregunta, muy buena pregunta.
—Tienes que plancharte el pelo, peinarte bonita y ponerte un vestido bien bonito. Es tu día, tu graduación. Tienes que verte bien. No te quiero ver con ese moño de cocinera —exclama mi dulce abuelita.
—Claro.
—Nada de ir en zapatos de caucho o mal vestida —yo asiento.
—Vamos al probador —dice mi madre. Yo asiento y las acompaño hasta la puerta del vestidor. Ayudo a mi abuelita a entrar y me siento en el suelo del vestidor.
Tengo 22 años y estoy en el suelo del vestidor. Ahora mismo me río de mi yo de 14 años que pensaba que a esta edad ya viviría sola, que ya tendría mi propio departamento, un gran perro Golden o Husky, una cámara profesional o un estudio propio.
Me río en silencio mientras espero que mi madre y mi abuela terminen de probarse la ropa. El vestidor está lleno de risas y comentarios sobre las telas y los colores. Es un contraste extraño con los pensamientos que rondan mi mente.
Mi madre sale del probador, ajustándose el vestido.
—¿Qué te parece? —me pregunta, girando para que la vea mejor.
—Bien, supongo
La cortina de mi abuela se abre y pone cara de disgusto.
—Ese color te hace ver más gorda — a veces creo comprender a mi mamá , ya se de donde vienen sus comentarios y cosas.
—Sadie, ¿puedes ayudarme con esto? —dice mi madre desde dentro del probador.
—Claro, mamá —respondo, levantándome del suelo y acercándome a ayudarla.
Mi madre y yo nunca hemos tenido una relación cálida. Siempre ha sido todo muy distante y frío entre nosotras. Cada interacción es un recordatorio de las expectativas incumplidas y los sueños aplastados. Pero por alguna razón, hoy parece diferente, como si por fin entendiera lo que ha hecho durante todos estos años.
Ayudo a mi madre con el vestido y luego me siento de nuevo en el suelo, esperando. Miro mi teléfono y veo un mensaje de Lucy: "Te extraño". Sonrío y le respondo rápidamente: "Yo también te extraño. No puedo esperar para verte".
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Nuestro Secreto
RomantikEn un viaje por obligación, Sadie, atrapada en un mundo de expectativas parentales, y Lucy, luchando por perseguir sus sueños en solitario, se cruzan en un hotel . A medida que su conexión se intensifica, se enfrentan al dilema de separarse al final...
