LUCY
Las limitantes y las reglas volvían a ser parte de nuestra vida. Sadie solo podía venir a la casa de Vanessa por trabajo; su madre la traía y la recogía. Era la única manera en la que podía salir. Ahora mismo, estaba concentrada escribiendo en el sofá, cambiando la última versión de su guión.
Su ceño fruncido y su mirada estaban totalmente enfocadas en la laptop. Lo único que nos conectaba ahora mismo era su mano, jugando distraídamente con mis piernas que descansaban sobre las suyas.
Desde mi rincón del sofá, la observaba en silencio. La dedicación y pasión que ponía en su trabajo siempre me impresionaban. Verla así, tan concentrada, me llenaba de orgullo, pero también de tristeza.
La situación con su madre había vuelto a imponer barreras que habíamos trabajado tanto para derribar. No podíamos disfrutar de nuestra relación como antes, y eso dolía. Cada vez que la veía tan concentrada, recordaba lo fuerte y resistente que era, pero también lo frágil que la hacían sentir esas limitaciones.
Acaricié su brazo suavemente, intento no interrumpir su proceso creativo. Me miró brevemente, esbozando una pequeña sonrisa antes de volver a su pantalla. Sus dedos se movían rápidamente sobre el teclado, y yo podía ver el peso de las expectativas y las restricciones en sus hombros.
Me levanté con cuidado, tratando de no perturbar su trabajo, y me dirigí a la cocina para prepararnos algo de beber.
Regresé al sofá con las tazas de café y se las ofrecí. Ella aceptó una sin apartar la vista de la pantalla, pero cuando nuestras manos se rozaron, sentí una chispa de conexión. Me acurruqué a su lado, apoyando la cabeza en su hombro mientras ella seguía escribiendo. No necesitábamos palabras en ese momento; nuestra cercanía decía todo lo que necesitábamos saber.
Sadie dejó de teclear por un instante, bajando la pantalla de la laptop y mirándome a los ojos. —Gracias, Lucy —murmuró sonriendo.
Entonces, para mi sorpresa, Sadie cerró del todo la laptop y me pidió que me acercara.
—Ven aquí —dijo, con una sonrisa traviesa.
Me acerqué y, en un movimiento rápido, ella me subió a sus piernas, abrazándome con fuerza.
—¿Qué haces? —pregunté, riendo mientras me acomodaba en su regazo.
—Solo quiero tenerte cerca —respondió, inclinándose hacia atrás hasta que ambas quedamos acurrucadas en el sofá. Pude ver el brillo de la pantalla detrás de mí, pero en ese momento, sus brazos alrededor de mí eran todo lo que importaba.
—¿Y tu trabajo? —pregunté, tratando de sonar seria, pero fallando miserablemente.
—Puedo escribir y abrazarte al mismo tiempo —dijo, abriendo la laptop y volviendo a teclear con una mano mientras la otra me mantenía firmemente abrazada.
—¿No es incómodo? —pregunté, apoyando mi cabeza en su hombro.
—Para nada. De hecho, creo que así me concentro mejor —respondió, sonriendo.
—No quiero que esto cambie, Lucy —murmuró entre tecleo y tecleo. —Quiero que siempre estemos así, juntas, sin importar lo que pase.
—Y lo estaremos —respondí, acariciando suavemente su cabello. —Encontraremos la manera, lo prometo.
Ella asintió, sin dejar de escribir, pero su abrazo se hizo un poco más fuerte. Sentí que, aunque estábamos enfrentando tiempos difíciles, nuestra conexión seguía siendo inquebrantable.
—Eres mi lugar seguro, ¿lo sabes? —dije suavemente.
—Y tú eres el mío —respondió ella, con la voz cargada de amor. —Siempre lo serás.
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Nuestro Secreto
Roman d'amourEn un viaje por obligación, Sadie, atrapada en un mundo de expectativas parentales, y Lucy, luchando por perseguir sus sueños en solitario, se cruzan en un hotel . A medida que su conexión se intensifica, se enfrentan al dilema de separarse al final...
