Sadie
Las chicas corrían de un lado a otro como si estuviéramos en una misión de rescate y yo fuera la víctima atrapada en una montaña. Entre el ruido de secadoras de pelo, gritos de "¡¿dónde están los broches?!", y el olor a laca flotando en el aire, el departamento parecía más una zona de desastre que el lugar donde me estaba preparando para mi boda.
—¡Sadie, siéntate de una vez! —gritó una de las chicas, señalando la silla frente al espejo—. ¡Tienes 15 minutos para el peinado!
—¡15 minutos! ¡Perfecto, me da tiempo para un cafecito y una telenovela! —respondí con una sonrisa sarcástica, pero no me moví ni un centímetro.
—No, no, no ¡Siéntate ahora! —dijo Emilia, agarrándome del brazo y llevándome a la silla como si fuera una prisionera en fuga.
Suspiré, pero me dejé llevar. La verdad, no tenía ni la energía para pelear. Había dormido como tres horas la noche anterior porque mi cerebro decidió recordar cada error que he cometido desde que tenía cinco años. Muy oportuno.
—Está bien, está bien. Pero si me dejan fea, me piden divorcio antes de casarme, ¿ok? —dije mientras me acomodaba en la silla.
—Cállate, que estás hermosa —dijo Flor mientras empezaba a rizarme el cabello con una tenaza gigante que parecía un arma medieval.
—No lo dudo, pero tampoco confío en ustedes —respondí con una sonrisa burlona, ganándome un par de risas nerviosas.
Miré mi reflejo en el espejo. Mi cabello, normalmente rebelde y con vida propia, ahora estaba siendo sometido con toda la fuerza de la ciencia y la tecnología. Mis ojeras estaban disimuladas con base (gracias al maquillaje milagroso que me obligo a usar Emilia para que hoy no parezca un mapache), y mis ojos... Bueno, mis ojos tenían una mezcla de nervios, emoción y un toque de pánico.
—¿Qué se siente, Sadie? —preguntó Camila mientras me pasaba una brocha por el rostro—. ¿Qué se siente saber que en unas horas serás una mujer casada?
—Se siente... raro. —Me miré en el espejo, tratando de encontrar las palabras exactas—. Es como cuando estás en la fila de una montaña rusa. Sabes que será increíble, pero igual quieres vomitar un poquito.
Todas se rieron, y una de ellas dijo
—Si vomitas, avisa, que no limpiamos eso.
—No prometo nada —respondí entre risas.
Lucy
Ok, respira, Es solo una boda. Tu boda. No pasa nada. Estás bien. No llores. No llores todavía.
Estaba frente al espejo, ajustando los últimos detalles de mi vestido. La tela impecable y el corte perfecto me hacían sentir elegante, pero los nervios no me dejaban disfrutarlo mientras Melissa me terminaba de arreglar el cabello, y Louis me miraba con esa sonrisa burlona que siempre me saca de quicio.
—¿Lista para el juicio final? —me dijo mientras le hacía cosquillas a Emily.
—Ja, ja, muy gracioso, Louis. ¿Alguna otra broma de hermano mayor o eso fue todo? —respondí mientras me ajustaba el cuello de la camisa.
—No es broma. —Se inclinó un poco hacia mí y bajó la voz—. Solo digo, es tu última oportunidad de huir.
Lo miré con los ojos entrecerrados.
—Louis, ¿quieres que Emily crezca sin tía? Porque puedo hacerlo.
Él soltó una carcajada, y Emily se unió a la risa con una risita de bebé que me derritió el corazón.
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Nuestro Secreto
RomanceEn un viaje por obligación, Sadie, atrapada en un mundo de expectativas parentales, y Lucy, luchando por perseguir sus sueños en solitario, se cruzan en un hotel . A medida que su conexión se intensifica, se enfrentan al dilema de separarse al final...
