Cliché

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Sadie

Vemos la película que siempre fue nuestra favorita para ver juntos, Love, Rosie. Era un cliché en toda regla, pero de alguna manera siempre resultaba entretenida. Me perdí en la trama por un rato, hasta que noté que Alonso se había quedado dormido a mitad de la película. Supongo que vino cansado. Eventualmente, también me dormí en el sofá.

Me desperté por el sonido de mi celular vibrando en la mesa de centro. La pantalla se iluminó, revelando el rostro sonriente de Lucy en la videollamada.

—Buenos días —dijo con su habitual energía.

Sonreí, todavía somnolienta.

—Buenos no son sin ti, mi amor —le susurré, para no hacer ruido.

Ella rió, notando mi tono de voz.

—¿Por qué susurras? —preguntó también en un susurro, imitándome. Moví la cámara en dirección a Alonso, que estaba completamente dormido en el sofá, con Mapi, acurrucada junto a él.

—No puede ser... —exclamó Lucy con voz sorprendida—. ¿Estás durmiendo con un hombre?

—Y no solo eso, se quedará a dormir esta noche también —bromeé, levantando una ceja.

Lucy se tapó la boca con las manos, fingiendo estar escandalizada.

—¡No puedo creer que hayas metido a un hombre en nuestra casa! —dijo entre risas.

—No lo volveré a hacer, te lo prometo, amor —respondí, aguantando la risa mientras miraba a Alonso, que seguía roncando suavemente.

—Parece que Mapi es la que más está disfrutando de esta situación —comentó Lucy, observando cómo nuestra gata seguía cómodamente recostada junto a mi primo.

—No se ha movido de ahí en toda la noche. Supongo que le agrada —dije, acariciando el sueve pelaje de Mapi, quien ronroneó al contacto.

—Se ven adorables —añadió Lucy, con una sonrisa.

—Hey, sigo aquí presente —dije, fingiendo estar ofendida y señalándome en la videollamada.

—Es que... mira esa bolita de pelo —respondió Lucy, riendo y señalando a Mapi—. ¿Cómo podría resistirme a tanta ternura?

Fruncí el ceño, medio en broma.

—Tienes a tu hermosa novia frente a ti y le dices "hermosa y adorable" a esa masa negra de pelo —dije, señalando a la gata, riendo.

Lucy rió también, con esa risa que siempre me alegraba el día.

—Entonces... ¿crees que debería prestarle más atención a la hermosa chica frente a mí? —preguntó con una sonrisa traviesa.

Asentí, haciéndome la seria.

—Totalmente.

—Entonces, ¿a qué hora voy a ir a ver a la hermosa chica frente a mí? —preguntó, cambiando el tono a uno más suave.

—Pues... a las 12 sale el avión, así que...

—A las 2 tal vez ya esté llegando —concluyó ella, asintiendo.

—Entonces estaré ahí desde las 6, más o menos. Si es que la ansiedad no me gana antes —dije, sonriendo.

—Te cobrarán el estacionamiento. A las 8 está bien —dijo ella, y le hice un gesto de obediencia con la mano—. Ve a desayunar, ya es tarde.

Me estiré en el sofá, sintiendo el peso del sueño aún en mis huesos. Creo que lo mejor que pudimos haber hecho fue comprar este sofá cama, pensé.

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