Donde Terminan los Recuerdos

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LUCY

Nunca me había sentido tan destrozada en mi vida. ¿Cómo es posible que, de un día para otro, todo se derrumbara? Todo nuestro departamento, nuestros sueños, nuestras metas.

Habíamos trabajado tan duro por todo esto, y ahora, de repente, no podemos hacer nada porque algo más grande se interpone en nuestros planes. Sería egoísta de mi parte obligar a Sadie a quedarse conmigo, especialmente sabiendo que lo que la retiene es su abuela.

Si yo estuviera en su lugar, tampoco lo habría pensado dos veces. Quizás las cosas pasan por algo; tal vez la vida nos está diciendo: "Ya es suficiente, deténganse. Ambas merecen un descanso, no sigan luchando".

Mis pensamientos son interrumpidos cuando la puerta se abre lentamente y Vanessa entra en la habitación. Su expresión está llena de preocupación. No he salido en todo el día, ni siquiera para comer, y sé que todos afuera están desconcertados, preguntándose qué me pasa. Pero no encuentro el valor para explicarles.

—¿Todo bien? —pregunta Vanessa, dando un par de pasos hacia mí.

Estoy sentada en la cama, abrazando mis rodillas. No puedo evitar soltar un suspiro tembloroso mientras niego con la cabeza.

—No —mi voz suena apagada, casi un susurro.

Vanessa se sienta a mi lado en la cama, poniendo una mano en mi espalda en un gesto de apoyo.

—¿Qué pasó? —insiste con suavidad, esperando que hable.

—No lo sé... —respondo, y siento cómo la angustia vuelve a golpearme. Aún estoy procesando lo que ocurrió, tratando de entender si fue lo correcto.

—¿Sadie hizo algo mal? —pregunta con cautela, como si ya estuviera preparándose para salir corriendo a defenderme si es necesario.

Rápidamente niego con la cabeza, aunque las lágrimas amenazan con desbordarse de nuevo.

—No... no se trata de eso. Es solo que... no sé si lo que hizo fue bueno o malo —admito, la confusión evidente en mis palabras.

Vanessa me observa en silencio, tratando de descifrar lo que estoy sintiendo. Finalmente, con una mezcla de seriedad y humor, dice:

—¿Tengo que ir a golpearla? —levanta una ceja, como si estuviera lista para actuar si se lo pido.

Una sonrisa débil cruza mi rostro, aunque desaparece tan rápido como llegó. Vuelvo a negar con la cabeza.

—No, no es eso... lo hizo por su bien.

Vanessa frunce el ceño, claramente confundida.

—¿Por qué?

Me tenso un poco antes de responder, sintiendo cómo las palabras pesan en mi boca.

—Su madre... su madre ya sabe lo nuestro —digo finalmente, mi voz apenas un susurro.

Los ojos de Vanessa se abren como platos, claramente sorprendida por la revelación.

—¿Cómo? Sadie está bien? —pregunta con incredulidad, girando su cuerpo para mirarme directamente, esperando una explicación.

Me muerdo el labio, intentando controlar el nudo que se forma en mi garganta al recordar cómo Sadie me lo contó. Siento que los recuerdos vuelven como una ráfaga de viento frío, cada palabra cargada de miedo y tensión.

—No estoy segura de cómo se enteró. Sadie solo me dijo que su madre lo sabía, que lo había descubierto de alguna manera... y que eso lo cambia todo. —Mi voz tiembla, y no puedo evitar que una lágrima resbale por mi mejilla.

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