Lucy
El viento fresco entraba por la ventana abierta, moviendo las cortinas de lino blanco. Afuera, el sonido de las olas golpeando suavemente contra la orilla marcaba el ritmo perfecto para esta mañana de calma. Desde la cama, podía ver el azul infinito del océano y el cielo sin una sola nube. Postales de un sueño hecho realidad.
Me giré hacia la izquierda y ahí estaba. Sadie, medio envuelta en las sábanas, con el cabello revuelto sobre la almohada y la boca entreabierta. Estaba completamente dormida, con una mano debajo de su mejilla y la otra estirada hacia mi lado de la cama.
Mi esposa.
A veces, todavía no me lo creía. Mi esposa. Mi mundo entero. Y, sin importar en qué parte del planeta estuviéramos, ella siempre se sentía como casa.
Mi teléfono vibró en la mesita de noche, y lo tomé con cuidado para no despertarla. Era una notificación de Louis:
Louis: "¿Y? ¿Cómo van esas "vacaciones de nueve meses"? ¿Ya extrañas el seco de pollo?"
Reí por lo bajo, intentando no hacer ruido. Le respondí rápido
Yo: "El mundo tiene lugares increíbles, pero NADA supera un buen seco de pollo, hermano."
Dejé el teléfono a un lado y volví a mirar a Sadie. Me tomé un momento para quedarme ahí, observándola, grabándola en mi memoria. Nunca había sentido tanta paz en mi vida como ahora.
—Me vas a gastar —murmuró de repente, con la voz grave y ronca de recién despertarse.
—¿Cómo sabes que te estoy mirando? —respondí, sonriendo.
—Porque siempre lo haces—Abrió un ojo, y su mirada perezosa pero llena de amor me encontró—. ¿Es por mi irresistible atractivo o por la paz espiritual que te doy?
—Una mezcla de ambas. —Me acerqué y le di un beso en la frente—. Aunque el "atractivo irresistible" podría debatirse.
—Ya te casaste conmigo, ya no hay devoluciones. —Se giró para abrazarme, apoyando la cabeza en mi pecho mientras exhalaba largo y profundo.
Nos quedamos en silencio por un rato, solo escuchando el sonido de las olas y la respiración tranquila de ambas. Paz pura.
—¿Cuánto tiempo llevamos aquí? —preguntó de repente, su voz vibrando contra mi pecho.
—Dos semanas en esta isla, pero en total... —Hice cuentas mentalmente—. Cuatro meses desde que salimos de Ecuador.
—Cuatro meses... —repitió con una sonrisa, como si no pudiera creerlo—. ¿A dónde vamos después de esto?
—Tú dime—Jugueteé con los mechones de su cabello—. Dijiste que esta luna de miel era para recorrer el mundo, ¿no? Pues el mundo sigue esperando.
—¿Sabes a dónde quiero ir?
—Sorpréndeme.
—Japón. —Alzó la cabeza, con los ojos entrecerrados pero llenos de emoción—. Quiero ver los cerezos en flor, comer ramen en un puesto callejero y perderme en esas calles llenas de luces de neón.
—Me gusta la idea. —Besé la punta de su nariz, lo que la hizo fruncirla, como siempre—. Aunque tú te pierdes hasta en tu casa, no sé si sea buena idea.
—¡Oye! No me pierdo, solo... exploro.
Reí fuerte, y ella se unió a mi risa, golpeándome suavemente con la almohada.
—Exploras sin GPS, y siempre terminas buscandome—Sonreí, alzando las cejas—. No lo niegues.
—Bueno, señora GPS humana, más te vale no quejarte cuando te pida que me lleves por todo Tokio. —Se cruzó de brazos, haciendo un puchero que solo la hacía ver más adorable—. Además, ahora soy una Maddox. Eso me da privilegios.
ESTÁS LEYENDO
Nuestro Secreto
Roman d'amourEn un viaje por obligación, Sadie, atrapada en un mundo de expectativas parentales, y Lucy, luchando por perseguir sus sueños en solitario, se cruzan en un hotel . A medida que su conexión se intensifica, se enfrentan al dilema de separarse al final...
