Lucy
El día de mi graduación llega antes de lo que imaginé. No puedo creer que ya han pasado dos años desde que me mudé a Londres, lejos de mi vida en Ecuador y lejos de Sadie. Aún recuerdo cómo la idea de irme me asustaba, cómo pensaba en todos los momentos que nos perderíamos, y en cómo enfrentaríamos cada una nuestras vidas sin el otro al lado. Pero ahora, de pie en mi toga, escuchando a los profesores en el auditorio y sintiendo el peso de lo que logramos, todo cobra sentido. He conseguido llegar hasta aquí y lo logré.
La ceremonia termina, y al salir me encuentro con Sadie, que me espera con una enorme sonrisa y un ramo de flores, luciendo tan radiante que parece sacada de una película. Me lanzo a sus brazos, abrazándola con fuerza.
—Felicidades, graduada —me dice Sadie con una enorme sonrisa, acercándose para darme un abrazo.
—Nunca dudé de tus conocimientos. Ahora me toca presumir que mi hermana es oficialmente una profesional —agrega Louis, con su sonrisa típica y ese tono burlón pero cariñoso que siempre usa conmigo.
—Felicidades, hija. Me alegra que te hayas convertido en una profesional. Has trabajado muy duro para esto —dice mi papá mientras sostiene a Emily en sus brazos. Ella juega distraída con un mechón de cabello que le cuelga por la frente.
—Muchas gracias, de verdad. Me alegra muchísimo que pudieran venir —respondo, sintiendo un nudo de emoción en la garganta. Tenerlos aquí hoy, celebrando conmigo, hace que todo sea más especial.
Es increíble pensar en cómo llegamos a este punto. Años atrás, las peleas eran constantes, el rencor llenaba cada conversación, y a veces parecía que no había forma de remediarlo. Pero el tiempo y la voluntad de sanar lograron lo que parecía imposible. Hablamos, lloramos, nos disculpamos y aprendimos a escucharnos de verdad. Y ahora estamos aquí, no pretendiendo ser una familia feliz, sino realmente siéndolo.
Mis padres tomaron la decisión de mudarse a Londres hace unos meses, algo que nunca imaginé que harían, pero lo hicieron por razones más grandes que ellos mismos. Querían estar cerca de nosotros, pero sobre todo, querían ver crecer a Emily. Mi sobrina seguía siendo la estrella de la familia, la consentida de los abuelos que la llevaban a todas partes. Cada vez que estaba con ellos, terminaba con un juguete nuevo o un helado en la mano.
—¿Qué tal si tomamos una foto? —propone Sadie, sacándome de mis pensamientos. Ya tiene su teléfono listo, con una mano en mi cintura para acomodarme junto a mi familia.
Nos reímos mientras posamos, Emily hace una mueca graciosa, y mi mamá insiste en tomar otra porque según ella no quedó bien. Al final, terminamos con más fotos de las que esperábamos.
Sadie
Durante el almuerzo, me alejé un poco de la mesa en la que estaban todos. Necesitaba un momento para pensar en lo que iba a hacer hoy. Estaba segura, sin duda alguna, pero sabía que había un paso importante que debía dar antes.
—Hermosas las vistas de la ciudad, ¿no crees? —escuché la voz del papá de Lucy mientras se acercaba a mi lado, con una sonrisa tranquila en el rostro.
—Sí, la verdad es que lo son —respondí, devolviéndole la sonrisa.
Me hizo un gesto invitándome a salir del restaurante hacia el pequeño balcón que había, donde el bullicio del almuerzo se sentía más lejano.
—Bien —dijo, cruzando los brazos y mirándome con curiosidad—. ¿Qué es eso que tienes que decirme?
Tragué saliva, intentando calmar los nervios que ahora parecían un remolino en mi estómago.
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Nuestro Secreto
RomanceEn un viaje por obligación, Sadie, atrapada en un mundo de expectativas parentales, y Lucy, luchando por perseguir sus sueños en solitario, se cruzan en un hotel . A medida que su conexión se intensifica, se enfrentan al dilema de separarse al final...
