Volver a casa

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SADIE

La luz de la mañana se filtraba por las cortinas del cuarto, iluminando suavemente el rostro de Lucy, hinchado por las lágrimas de la noche anterior. La noche había sido larga y agotadora. Lucy no pudo dormir, su mente dando vueltas sin parar, tratando de procesar la traición de sus padres. Se sentía frustrada, engañada y completamente agotada emocionalmente.

Me levanté lentamente de la cama, tratando de no despertarla. Necesitaba descansar más que nada después de todo lo que ocurrió. Las palabras de sus padres y su hermano seguían resonando en mi cabeza, y aunque quería dejar todo eso atrás, sabía que no sería tan fácil.

Deslizándome fuera de la habitación, camino sigilosamente hacia la cocina. Allí encuentro a Emilia y Vanessa, sentadas a la mesa con tazas de café en las manos. Me miran al verme, sus expresiones llenas de preocupación.

—Buenos días —murmuro, aunque sé que el día no tiene nada de bueno.

—Sadie, ¿qué pasó anoche? —pregunta Emilia, su voz llena de preocupación.

—Lucy llegó destrozada —añade Vanessa, mirándome con seriedad—. Necesitamos saber qué pasó.

Suspiro, pasando una mano por mi cabello mientras trato de ordenar mis pensamientos.

—Fue una noche de telenovela, en el peor sentido —empiezo, tomando asiento frente a ellas—. Los padres de Lucy... ellos han estado controlando toda su vida sin que ella lo supiera. Todo, desde su departamento hasta su contrato de trabajo y sus estudios, ha sido manejado por ellos, ha sido una marioneta todo este tiempo.

Emilia frunce el ceño, claramente impactada.

—Eso es... horrible. ¿Cómo reaccionó?

—Estaba destrozada, como si hubiera descubierto que Santa Claus no existe y que los regalos venían de la tienda de la esquina —respondo con un toque de humor negro—. Sentía que todo lo que había logrado no tenía valor real, que todo era una mentira. Intenté apoyarla, pero estaba tan herida... No pudo dormir en toda la noche, estaba demasiado frustrada. Se quedó despierta, llorando y tratando de encontrar sentido a todo esto.

—¿Y qué dijo su familia? —pregunta Vanessa, apretando su taza de café.

—Su madre trató de justificarlo, diciendo que lo hacían por su bien. Su padre... él simplemente admitió todo. Louis intentó defender a Lucy, pero la situación se volvió muy tensa. Fue un drama digno de una serie de Netflix. —Respiro hondo, tratando de mantener la calma—. Finalmente, logré sacarla de allí y apenas salió se derritió.

—Pobre Lucy... —susurra Emilia, con los ojos llenos de tristeza mientras posaba una mano sobre su vientre.

—¿Hay algo que podamos hacer para ayudarla? —pregunta Vanessa, con determinación en su voz.

—Solo estar aquí para ella—respondo tratando de sonreír.

En ese momento, escucho un ruido suave desde la habitación. Me levanto rápidamente y corro a ver si Lucy está bien. Encuentro a Lucy sentada en la cama, con los ojos aún hinchados pero un poco más claros. Me acerco y le doy un abrazo, rápidamente se vuelve a derretir en mis brazos.

—Buenos días —susurra Lucy, su voz todavía rasposa por el llanto de la noche anterior.

—Buenos días, amor —respondo, sentándome a su lado y tomándola de la mano—. ¿Cómo te sientes?

—No lo sé... Confundida, cansada... —murmura, mirando hacia la ventana—. Pero gracias por quedarte.

—Siempre estaré aquí para ti —le digo, dándole un beso en la frente—Emilia y Vanessa están en la cocina. Quieren saber cómo estás y si pueden ayudarte en algo.

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