Ochenta y cuatro

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Ochenta y cuatro

Porsche envió a Chay con el conductor ese día, la rutina con un adolescente era un poco caótica por las mañanas, sin embargo, su mayor dolor de cabeza era Kinn que pocas veces se despertaba a buena hora por voluntad propia. Los negocios y las responsabilidades familiares debían atenderse, pero, el Alpha parecía reacio a hacerlo; desde que viven juntos Kinn se ha convertido en una especie de niño caprichoso que quiere la atención de Porsche todo el tiempo y sobre todo, se niega a pasar tiempo alejado de él. A veces dice que lo hacer para intentar recuperar el tiempo que estuvieron alejados, otras, se excusa en que el médico dijo que deben compartir feromonas de manera constante para que no vuelvan a necesitar ir al hospital, sin embargo, todas son excusas que Porsche tolera con resignación.

Esa mañana despertó sintiendo su cuerpo extrañamente caliente, al principio creyó que se trataba del clima un poco más húmedo de lo habitual, sin embargo, al momento de colocarse el parche notó como su glándula parecía rojiza y humectada, algo que solo pasa en determinadas situaciones, pero, no quiso alarmarse y decidió esperar. Kinn amaneció extrañamente callado, temprano recibió una llamada de Big para informarle sobre los avances hacia uno de los escondites de los secuaces de Ciro, así que Porsche creyó que se trataba de eso y lo conversarían después de que Chay se marchara al instituto, sin embargo, Kinn se había encerrado en su oficina y parecía no querer salir. El Omega se encogió de brazos, suspiró y decidió llamar a la puerta para recordarle a su pareja que el desayuno estaba listo.

―No creo que sea buena idea― murmuró al otro lado Kinn.

―¿No quieres desayunar conmigo?― cuestionó Porsche irritado.

―Quiero― Kinn habló del otro lado ―Pero, es peligroso para ambos.

―¿Peligroso?― habló confundido el Omega.

―Mi Rut...― Kinn confesó y Porsche lo comprendió de inmediato.

Si lo pensaba un poco, sus síntomas también eran muy parecidos a los de un ciclo de Celo, sin embargo, todos esos años utilizó supresores y demás métodos para no atravesar por ello mitigando y alterando las señales del ciclo. Ahora, con Kinn a su lado y tras estabilizarse en el hospital, los síntomas eran menos agresivos, pero, no podría ignorarlos por mucho tiempo más.

―Voy a entrar― dijo Porsche y sin esperar a que Kinn se oponga, abrió la puerta con la llave que el mismo Alpha le dio cuando se mudó.

―Mi amor― susurró Kinn tan pronto como Porsche entró a la oficina y cerró la puerta tras de sí ―No sé si pueda controlarme y no quiero obligarte a hacer nada que no quieras hacer. Debes irte, me quedaré aquí hasta que un equipo pueda trasladarme a un lugar adecuado para contenerme.

―No.

Porsche habló con decisión llevando sus dedos al parche que ocultaba la jugosa glándula.

―Mi ciclo también llegó.

―¿Es mi culpa?― Kinn observó a su Omega con una mirada llena de disculpa.

―Claro que no― Porsche sonrió arrancando el parche y liberando el aroma natural de sus feromonas ―Somos una pareja, nuestros ciclos se sincronizan naturalmente... así se supone que debió ser y así será a partir de ahora.

―Mi amor... no me hagas esto, te deseo, me muero por tenerte... no me seduzcas de esa manera si no estás seguro...

―¿Me amas?― preguntó Porsche interrumpiendo las palabras de Kinn.

―¿Qué? ¡Claro que te amo!― afirmó Kinn con energía ―Te adoro con mi vida, eres lo más sagrado que tengo, vivo y muero por ti Porsche, incluso cuando no era consciente de mi amor, sabía que sin ti mi vida no sería vida.

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⏰ Última actualización: Sep 20 ⏰

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