Capitulo 32

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Nick

Después de la comida me puse esas cosas en los ojos. Ciertamente mi vista mejoro, parece como si trajera lentes; me es incómodo, pero debo de usarlos para ver bien.

Despues de cenar fui a mi habitación, antes de acostarme me los quite y me fui a dormir. Me levante, me di un baño rápido, y después de cambiarme me los volví a poner.

Baje a desayunar y Camil ni mi hermano estaban ahí; mamá estaba en la sala y papá ya se había ido a trabajar. Termine de desayunar, tome mi mochila y salí de la cocina para ir a la escuela.

-Ya me voy- avise a mi madre antes de salir.

-Espera...- dijo yendo hacia donde estaba- cuando salgas de la escuela iremos por unos nuevos lentes.

-Esta bien- dije sonriendo. Beso mi frente y se despidió.

Tome mi camino de siempre, esta algo diferente ya que no llevaba a Camil conmigo; para mi sorpresa me encontré con Thomas saliendo de un departamento de ahí. Pensé en hablarle, pero al final decidí no molestarlo... aunque seamos no-novios me da vergüenza estar a su lado todavía, mi mente y todo yo no lo asimila.

Pero... ahora que lo pienso, ¿Qué va a suceder con el asunto de las cartas?; se... se que debo decirle, pero... pero...

-Hey, ¿estas bien?- pregunto alguien. Cuando salí de mis pensamientos y mire bien Thomas estaba frente a mi. Inconscientemente me sonroje.

-Ah... si, si- balbucee nervioso- estaba, estaba en mis pensamientos y no me di cuenta.

-Debes tener cuidado- dijo sonriendo de forma cálida y cariñosa, tomo mis manos y beso la punta de mi nariz- te ves bien así.

-Me siento incomodo sin mis lentes- mencione inflando mis mejillas y volteando a otro lado.

-Aww que adorable- dijo sonriendo, voltee verlo con la cara enrojecida y ofreciéndole una pequeña sonrisa.

Nos quedamos un rato así, viéndonos a los ojos, sin decir nada; poco a poco se fue acercando a mi, hasta darme un rápido beso en los labios.

-No... no lo hagas en público- le dije tratando de sonar molesto, pero la vergüenza no lo hacia ver así.

-Bueno, bueno lo siento- dijo sin borrar su sonrisa. Revolvió mi cabello y tomo mi mano para irnos juntos a la escuela.

En el camino nadie dijo nada, era cómodo estar juntos disfrutando el paisaje y la compañía del otro. En el camino se nos unió Vanesa y el otro amigo de Tom, Joan.

-Hay pero que lindos los dos- dijo Joan riendo, se paro enfrente de nosotros y sacó una foto.

-Mis pequeños crecen- dijo Vanesa fingiendo un tono melancólico.

Llegamos a la escuela y cada uno se fue a su salón correspondiente. Y a mi me esperaba una rubia molesta, o eso parecía.

-Buenos días- salude sonriendo, me acomode en mi lugar para después voltear con ella- ¿sucede algo?.

-¿Y tus lentes?- pregunto sorprendida al verme sin ellos- oh bueno, eso no es lo importante.

-¿Entonces?- pregunte confundido; y creo que ella esperaba que supiera a lo que se refería.

-¿No le has dicho verdad?- pregunto apuntándome acusatoriamente con su dedo.

-¿De que hablas?- pregunte ladeando la cabeza en señal de confusión.

-De las cartas Nicolás, de las malditas cartas- exclamó molesta o más bien exasperada.

-Ah... pero, pero...- dije tratando de hallar una excusa, pero era inútil. Pronto tendría que decírselo, lo se- tienes razón, pero no se si pueda.

Querido chico rubioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora