Nick
Estaba aburrido, me picaba la ropa, la nariz, tenía calor, estaba inquieto y con ganas de salir corriendo pero no podía hacer nada. Debía estar en la sala del juicio hasta que el "honorable" juez se dignara a emitir su veredicto final ya que ahora seguía leyendo los papeles y analizando las pruebas que llevaron para que se definiera todo. Suspire con hastió, rodee los ojos y mire a todos con detenimiento, también y de manera obvia tuve cuidado de que no notaran que los veía. Todos, sin excepción, se veían nerviosos, tanto que se podía palpar esa tensión. Yo también estaba nervioso, solo quería que todo acabara para que Thomas me pudiera comprar el helado que me prometió y poder dormir, hacer la tarea y... y regañar a Damián, no olvidaré aquello, claro que no.
—¿Qué tanto hay en esa cabecita tuya, Nick? —escuche preguntar a Thomas muy cerca de mi. Admito que me asusto, voltee a verlo y su rostro estaba cerca, demasiado, demasiado cerca del mío. Me sonroje y desvíe la mirada unos momentos, mi amado rubio soltó una pequeña risita, abrazándome con calma y creo que acariciaba mi brazo — quiero saber que tramas, que planeas, porque observas a todos... ¿acaso sabes el secreto de la vida, ves sus almas o estas planeando una favulosa historia con los demás?
—¿Qué? No, no, no, nada de eso... —negué riendo un poco por sus raras ideas. Me miro haciéndose el indignado pero luego sonrió, besando mi mejilla suave, sin dejar de abrazarme — solo veía las reacciones de todos. Se nota el nerviosismo y la tensión, y aunque estoy igual... no sé, simplemente no sé, se me hace raro...
—Bueno... creo que es normal. Nadie sabe que pasará, todos presentaron sus defensas, pruebas y razones pero solo el juez tiene la última palabra. Todos estamos nerviosos y más sabiendo que esa bruja puede mentir a su beneficio —murmuro un poco molesto eso último, viendo de reojo a donde estaba Marta. Sonreí y bese su mejilla, abrazándolo. Tomny sabe como alegrarme con cosas tan sencillas.
Sonreí más relajado, abrazando a mi amado novio rubio, pero no piensen que porque estoy relajado no me importa lo que pase. Claro que me importa, mentiría si digo que no pero ahora solo me estoy dejando llevar por la tranquilidad que me ofrecían los brazos de mi rubio. No quería irme con Marta, eso si estaba más que claro. Ella es rara y no me da nada de confianza, prefería irme con ellos y que al menos me permitieran seguir con Thomas y su cálida familia.
—Chicos, sepárense. No pueden estar así en este lugar —un guardia de los que estaban en el lugar nos separo de una manera algo brusca y siendo muy grosero. Nos separamos y me cruce de brazos algo molesto, ¿en qué les molesta que estemos abrazados? Solo era un simple y normal abrazo... por desgracia...
Mire al papá de Thomas, que obviamente notó lo que paso y no le agrado ya que hizo una mueca de bastante molestia. Desvíe mi mirada a Thomas y trate de hacerle señas de que su papá probablemente haga algo pero no me hacía caso o más bien me ignoraba a propósito; volví mi vista al padre de Thomas y veía al juez, luego al guardia y luego a Marta, fue así hasta que se decidió a alzar su brazo, llamando la atención del juez.
—¿Sucede algo señor?
—Si, y lo siento por interrumpirlo su señoría pero...—se acerco a nosotros dos y nos tomó del cuello, acercándonos a él poniendo una expresión lastimera. Yo, por mi parte, desvíe la mirada a otro lado, avergonzado, no sé que haya hecho Thomas pero me imagino que algo igual — ¿le molesta que ellos dos estén abrazados?
—No. Si ellos quieren estar abrazados que lo estén, no es de mi incumbencia, ¿por qué pregunta?
—Pues vera...
—Señor juez, ¿no cree que deberíamos apresurar esto? Hay otro juicio terminando este y no debemos retrasar —hablo el guardia grosero con bastante seriedad, el juez lo miro unos largos segundos, hasta que el guardia se incomodo y se alejo un poco.
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Querido chico rubio
RomanceLos días de preparatoria eran normales para Thomas Wolves, hasta que un día en su casillero aparece una misteriosa carta de un desconocido que dice conocerlo de antes, y así cada mes recibe una carta sin llegarse a imaginar quien pueda ser, ya que e...
