Capitulo 125

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Nick

Estaba aburrido, el profesor no había llegado y no había nada que hacer. Quería ir con Thomas, pero estaba enojado con él. Además estaba jugando baloncesto... y no se veía muy bien que digamos, parecía que desfallecería por el sol; ya ni siquiera corría, solo andaba de un lado a otro arrastrando los pies.

Sonreí al verlo, quería ir, en verdad deseaba estar con él, pero no podía olvidar que estaba enojado con él.

—¿Qué haces Nick? —preguntó Paul frente a mi, puso su rostro frente a mi y luego volteo a la ventana. Me ruborice al verlo tan cerca, pero el no lo notó, así que solo me quede viendo a mi rubio... mi amado rubio — oh ya veo, ya veo te peleaste con Thomas.

—A-algo así... me enoje con él —respondí haciendo un puchero al recordar el motivo de nuestra pelea; despegue mi vista de la ventana para ver a el pelirrojo... ¡ay! Solo yo soy tan tonto. Es verdaderamente difícil mantener la ley del hielo teniéndolo frente a mi, viviendo y durmiendo con él... es imposible no mirarlo, mi tonto rubio me descontrola. Y aunque odie admitirlo puede que tenga un poco de la más mínima, pequeñita, minúscula, atómica razón. Aún así no lo voy a admitir — pasaron cosas y no he hablado con él en varios días.

—Ay Nick, ¿qué es tan malo para que...—voltee a mirarlo al ver que se quedo callado tan de repente. Miraba hacía donde él lo hacía y de nuevo a él, pero no notaba nada raro además de su sonrisa extraña — no puede ser, no puede ser... es él, es él, estoy seguro que es él.

Repetía Paul con mucha alegría, dando pequeños saltitos. Se veía más divo que Sam siendo... pues Sam. Seguí su mirada intrigado para saber a que se refería, pero solo miraba a los de tercero jugar baloncesto, eso y a Thomas que parecía cada vez más exhausto y a Santiago que se burlaba de él.

—¿Qué pasa Paul? —pregunte curioso e intrigado por su extraña actitud. Su sonrisa era de un enamorado total; se pegaba más a la ventana, suspirando y haciendo soniditos raros.

—Hablo de él, el chico que esta con Thomas, el castaño de encantadores ojos verdes —dijo suspirando, me miro ilusionado y con esperanza. Su rostro tenía una sonrisa y su mirada un brillo inigualable — ¿lo conoces?

Lo mire y negué, deseaba que se la creyera ya que soy un asco mintiendo. Me miró y bajo la mirada, volviendo a mirar por la ventana. Momentos después apretó los puños y suspiro, alejándose de la ventana.

—Lo siento —le dije sonriendo leve, miré a la ventana pensando en que podría decirle, seguramente de manera torpe y nerviosa — pues... eh... e-es, es compañero de Thomas por lo que se ve, p-pero no se más allá de eso.

—Si, si lo entiendo —bajo la mirada, se le notaba un toque de tristeza, pero a los segundos la subió animado de nuevo — luego le preguntaré o si puedes hazlo tú, por favor. Aunque sea háblale un poco para averiguar algo, aunque sea pequeñito.

—Bueno, tal vez pueda hacerlo, pero debes decirme como te enamoraste de ese chico —respondí sonriendo, me recargue mejor en mi mesabanco para verlo. Jejejeje... creo que si soy un buen actor, ¿no lo creen?

Paul sonrió, por fin los de tercero se habían ido y el pelirrojo me podía dar toda su atención. Me miró, manteniendo en su rostro aquella sonrisa tierna, demostrando todo ese amor que destilaba por el -ahora- sospechoso Santiago.

—Esta bien, esta bien —dijo emocionado, tomó mis manos y se acercó más a mi — se llama Santiago Rivera, íbamos a la misma primaria y secundaria, pero se mudo en primero de secundaria. Era mi mejor amigo, conocía mucho de mi y yo de él, inevitablemente me enamore perdidamente de él, pero al final... bueno no paso mucho.

Querido chico rubioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora