Capitulo 119

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La familia Rosenberg estaba en la sala de su casa, afuera hacía demasiado calor que le provocaba al pequeño Nick una gran pereza que hasta le daba flojera estar en la sala, prefería estar en su habitación durmiendo, jugando videojuegos o ver videos en internet hasta dormirse... ciertamente lo que el calor le provocaba era pereza y sueño, pero para él era más importante escuchar lo que fueran a decir sus padres.

Nick suspiro por enésima vez en ese rato, apretó el álbum que estaba entre sus manos mientras pasaba su vista en los presentes; desde su hermano a su lado en el sillón individual, hasta sus padres en un sillón más alejado y terminaba en el piso, viendo como los dedos de sus pies se movían. Podía sentir el ambiente tan tenso que había, y que lo hacía sentir cohibido.

—B-bueno padres...—inició Nick a hablar en vista de que sus padres no lo iban a hacer. Los miraba de una forma algo acusatoria, leer lo del álbum lo tenía inquieto y lleno de pensamientos no muy buenos — van a iniciar o empiezo yo a preguntar, porque tengo algunas dudas.

Sus padres se sobresaltaron, el tono de voz que uso y el rostro que mostraban distaban mucho de lo que en realidad era. Nick no quería empezar a llorar por la presión de estar ahí, ser el centro de atención de algo que desconocía y tanto hacía sufrir a sus padres, por eso hablo y mostro ese rostro tan serio y ese tono de voz algo golpeado.

—Tranquilo Nick —susurro Damián a su lado, poniendo una mano en su hombro. Nick lo volteo a ver y asintió, soltando otro suspiro.

—¿Por qué traes ese álbum? —preguntó su padre viéndolo, fijándose por fin en el objeto que tanto apretaba y protegía el de ojos violetas, pero antes de que pudiera contestar sonó el timbre de la puerta — ¿Quién demonios sale a esta hora con ese calor del demonio? No ven que estamos muy ocupados aquí.

—No te preocupes papá, yo iré a abrir —Damián se levantó y fue hacía la puerta con pereza, odiaría que fuera Mike o alguno de los chicos ya que no estaba de humor para verlos, pero al ver a Marta ahí parada le quitó todo su buen humor — tu qué haces aquí.

Marta sonrió con cinismo al verlo, viéndolo de pies a cabeza con esa mirada despectiva que tenía, se cruzó de brazos sin si quiera borrar su sonrisa.

—Yo vengo de visita, quiero ver a mi hijo —respondió en un tono chillón que molesto al castaño, aquel falso amor y preocupación le estaban enfermando.

—No es momento, si quiere puede venir otro día o hablar por...

—Veo que los inútiles de tus padres no le han dicho nada a tu querido hermanito —dijo Marta con burla, riendo un poco — parece que he llegado en buen momento, ¿no lo crees?

Con un ligero empujón al chico «visiblemente más alto que ella» dio paso adentró de la residencia, caminando con paso firme y preparando su mejor mascara amable frente al chico y los demás. Damián cerró la puerta y fue detrás de la mujer, encontrándose con todos viendo a la mujer y a Nick más cohibido que nunca.

—Buenas tardes Ramón, Leonor —saludo la mujer con una sonrisa ligera, sin mostrar burla o maldad alguna. Nick seguía viendo a la mujer, algo en ella se le hacía muy familiar, y esto no pasó desapercibido por la mujer quien sonrió con suficiencia para sus adentros — soy Marta Villanazul, mucho gusto en conocerte...

—Nicolás Rosenberg —respondió aun en una especie de trance, repasando su apellido en su cabeza hasta dar con la clara respuesta... era el apellido que tanto se mencionaba en el álbum — ¿Qué está pasando aquí?, ¿Quién es ella?... ¿Quién es Raúl Villanazul?

Todos los presentes enmudecieron al escuchar al pequeño tan alterado, e incluso más al escuchar salir aquel nombre de los labios del menor; pero antes de que todos se dieran cuenta Marta volvió a su rostro neutro y se acercó al menor, sentándolo.

Querido chico rubioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora