Capitulo 139

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Sam

Estaba en el área de empleados antes de salir a mi turno. Este día usaría o más bien estaba usando una peluca de color negro que me quedaba arriba de los hombros y mi uniforme femenino obviamente, después de darme una miradita sexy en el espejo salí hacía el local, encontrándome justamente con que la loca amante de los homosexuales y amiga del pelirrojo, Alondra; la iba a ignorar pero al verme sonrió, acercándose a donde yo estaba, justo separándonos una barra.

—¡Hola, Sam!, ¿Cómo estás? —saludó con una gran sonrisa mientras se recargaba en la barra, observándome de pies a cabeza y un poco a su alrededor. Sonreí igual, aunque con algo de nervios y un poco incomodo ante la situación.

Ella es rara

—Bien, bien ¿qué tal tu? —pregunte de vuelta, observando un poco a los lados, al menos Lola no estaba cerca para regañarme por andar comadreando por ahí en vez de trabajar... solo escuche a Ale gritarle a alguien más así que supondré que todo esta bien. Suspire volviendo la vista a la chica frente a mi, es un poco rara su visita pero no sé ve como alguien desagradable — Y... dime, ¿qué te trae por aquí?

—Estoy bien, y me trajo aquí el aburrimiento —respondió soltando un suspiro cansado, y aunque mostrara una sonrisa se notaba un deje de soledad. Hice una mueca extrañado, estaba jugando con su cabello y al mirarme sonrió más ampliamente... ¡Dios! Solo espero no me este coqueteando; le sonreí de vuelta, esperando algo — Paul ha estado últimamente con un hombre raro y ya no me presta la atención que merezco, además Nicolás no deja que me acerque a Thomas...

La chica hizo un puchero, reí un poco, divertido por lo que decía y como se expresaba; mientras hablaba me apuntó de una carta lo que iba a pedir. Después de ordenarlo volví con la chica a conversar, a primera vista no se notaba que fuera mala persona. Podía ser rara como la madre de Damián pero no tan mala como ella o como el raro pelirrojo... al menos esa apariencia daba.

—Pues... Nicky es bastante celoso, así que no va a dejar que te acerques fácil y menos si tus intenciones no son buenas. El pequeño es bastante perspicaz con esas cosas —respondí con una pequeña sonrisa, recordar al pequeño hermano de Dami ponerse celoso con el rubio era bastante divertido, como un chihuahua ladrando para proteger a un oso ruso.

—Si, si eso veo...

Mientras nosotras conversábamos como viejas chismosas en tendedero escuche la campanilla de la entrada, mire de reojo que un chico algo nervioso entraba. No le preste mayor atención pues pensé que sería un cliente y que tomaría una mesa, pero lo que si me perturbaba un poco era su expresión nerviosa y asustadiza, mire a Alondra y ella dirigió su vista al sujeto, analizándolo y luego a mi, parecía no entender nada.

Luce peligroso...

Es un cliente nada más, estúpidos

El sujeto dirigió su vista a nosotros acercándose, trató de mejorar su expresión pero no lo lograba, luciendo aun más aterrador; presentía que algo iba a pasar pero con ellos dos en mi cabeza siempre pensaba eso. Trate de calmarme y sonreír amable.

—Buenas tardes, ¿qué desea?

—Ah... ¿si?... busco, busco a Sam Ortega. Me dijeron que aquí trabajaba —respondió el extraño con nerviosismo, lo miraba de pies, sus dedos tamborileaban en la barra, demostrando su nerviosismo.

—Si... soy, soy yo...—respondió con la voz un poco temblorosa, el hombre me miro raro. Me cruce de brazos observándolo, ¿acaso me esta juzgando el muy desgraciado? — ¡¿Qué?!, ¿Nunca en tu vida habías visto un travesti o que?

Querido chico rubioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora