Capítulo 54 – Davin Valens, 1.812 CIS (Calendario Solar Imperial)
El tren traqueteaba bajo nuestros pies. Ocultos en el último vagón, entre las torres de maletas y demás pertenencias de los pasajeros, Diana y yo nos observábamos en silencio, envueltos en nuestras propias capas de oscuridad. Nadie sabía que estábamos allí. No habíamos pagado billete, ni tampoco habíamos sido invitados a la expedición. Sencillamente nos habíamos enterado de que tomarían aquel tren, que se encontraban en el primer vagón, viajando en solitario en uno de los compartimentos reservados, y habíamos decidido unirnos a ellos.
¡Sorpresa!
Debo admitir que estaba emocionado. Los rumores sobre Doric me daban un poco igual. Me caía bien aquel tipo, no voy a mentir. Se había portado bastante bien con mi hermana y conmigo... pero sobre todo conmigo, impidiendo que me encerrasen en la Torre de los Secretos y tirasen la llave. Aquel detalle lo tenía en cuenta, por supuesto. No obstante, no era su aparición lo que había motivado mi decisión. No sabía si realmente estaba vivo o si todo era un engaño, pero me daba igual. Lo que realmente me había llevado hasta aquel tren era que sabía que encontraría a Jyn allí, cerca de ese falso o auténtico Doric, y después de tantos meses buscándola, lo que más ansiaba era poder abrazarla. Abrazarla, asegurarme de que seguía con vida y, sobre todo, contarle todo lo que habíamos descubierto sobre el "Fénix". Ahora que aquel perturbado había vuelto, no estaba dispuesto a que le pusiera la mano encima a Jyn.
—¿Es la hora? —preguntó Diana.
Envuelta en la oscuridad casi total, solo veía los bonitos y oscuros ojos de mi querida prima. La verdad es que había demostrado gran valentía uniéndose a mí. Luther le había ofrecido la posibilidad de que acompañase a la Unidad Valens a Herrengarde, pero ella había rechazado la oferta una vez más. Su lugar no estaba junto a ellos por mucho que sus padres insistieran, sino donde sus pies la llevasen. Y aquella lluviosa noche, Gherron era su destino.
Lo dicho, era una auténtica valiente.
Comprobé el reloj. Más allá de los gruesos ventanales blindados del tren la lluvia caía con fuerza sobre el paisaje verde de Albia. Llevábamos ocho horas de viaje y aún quedaban al menos cinco más para llegar. Por suerte, ya estábamos lo suficientemente lejos de la capital como para que mi hermano nos obligase a volver, por lo que podíamos salir. La oscuridad reinante nos ocultaría a ojos de los pasajeros...
Sabía que Damiel se enfadaría con nuestra aparición. Hacía unos meses que lo había ido a visitar en Hésperos y las cosas no habían salido demasiado bien. Mi hermano estaba viviendo unos momentos un tanto tensos y yo... en fin, ¿qué voy a decir? La estancia en la Torre de los Secretos me había vuelto un poco menos comprensivo de lo que ya era de por sí. Me costaba ponerme en la posición del otro, y más si se trataba de mi hermano, y quizás no había sido todo lo empático que debería haber sido. En fin, que habíamos estado a punto de llegar a las manos. Las cosas se habían puesto muy, muy tensas entre nosotros, y de no haber habido intervención de terceros, probablemente hubiésemos acabado muy mal. Por suerte, la vida siempre daba segundas oportunidades y aquella era la nuestra...
—En marcha.
Salimos del vagón de carga en silencio aprovechando la ausencia de vigilancia. El tren en el que viajábamos era civil y se encontraba muy lejos de la frontera con Talos, por lo que las medidas de seguridad no eran demasiado altas. Eso sí, se respiraba un ambiente raro entre sus viajeros. A pesar de la hora, ya bien entrada la madrugada, había muchos pasajeros despiertos que se enfrentaban a la noche en completo silencio, con las miradas fijas en los inquietantes artículos que cada vez más llenaban los periódicos. La prensa hablaba del regreso de Doric y no siempre de forma despectiva. La duda sobre su auténtica identidad había golpeado con fuerza la prensa más amarillista y ya empezaba a ser habitual hablar el ver titulares en los que se hablaba de él como el auténtico hijo de Konstantin. "El regreso del gran hombre" había llegado incluso a leer un par de días atrás en un quiosco. Poco después varios militares habían acudido a hacer limpieza, propinándole una buena paliza al dueño tras requisarle parte de su material, pero para aquel entonces ya éramos muchos los que habíamos leído el titular y nos había calado hondo.
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Hijos de la Noche
FantasyEl Imperio de Albia, la mayor potencia militar y económica, ha dominado gran parte de este mundo sin rival durante casi 2.000 años, pero ahora nuevos enemigos aparecen para desafiar su supremacía... tanto desde el exterior de sus fronteras como desd...
