Capítulo 61 – Damiel Sumer, 1.812 CIS (Calendario Solar Imperial)
Había charcos de sangre bajo mis pies. Cuerpos caídos, hombres heridos arrastrándose, nieve y barro. Armas medio enterradas en la tierra, casquillos y cascos agujereados. Había también alguna que otra bota perdida, ramas de árboles arrancadas a disparos y estandartes pisoteados.
El claro de Donvall estaba irreconocible. Dos días atrás, cuando llegamos, habíamos encontrado en él una amplia explanada entre pasos de montaña donde la luz del Sol Invicto se colaba entre las copas de los pinos. Era un lugar frondoso, con un ligero desnivel en la parte sur donde el General había hecho instalar las empalizadas del campamento. Las tiendas se encontraban entre los árboles, aisladas de la nieve gracias a los forros protectores con los que habían cubierto los suelos, mientras que los carros de combate estaban en la zona alta, como apoyo a las almenas de vigilancia. En general, era un buen campamento. La situación geográfica nos beneficiaba frente al enemigo. Teníamos una visión clara de cuánto nos rodeaba, y lo que aún era mejor, un amplísimo número de leales que, surgidos de todo el norte de Albia, habían acudido para unirse a las filas de Vespasian.
Y no solo eso.
Además de los últimos refuerzos, Vespasian contaba con el apoyo de la XII Legión, la Véspula, que días atrás había acudido a las puertas de su ciudad para hacerle frente. En aquel entonces se había temido una nueva gran batalla. Lucian había enviado al General Gaenor Tiberius con la misión de acabar con el mayor apoyo de Doric. Lo que no había calculado, sin embargo, era la gran amistad que unía a Vespasian y a Tiberius desde hacía años. Los dos Legatus se habían reunido, habían discutido al respecto y, tras unas cuantas horas de auténtica tensión, habían formado la paz. La Legión XII se había pasado al bando de Doric y gran parte de ella se había instalado en Herrengarde, como custodes de la ciudad.
Así pues, teníamos a muchos hombres a favor de nuestra causa. Éramos miles de legionarios y casi dos decenas de Pretores los que estábamos luchando, pero incluso así, Lucian estaba logrando ponernos las cosas muy complicadas. Sin necesidad ya de ocultar una verdad que todos conocíamos, el Emperador había convocado a un gran ejército de norteños de Throndall para que apoyasen a la Legión Lumina en su ataque a Vespasian. Las dos fuerzas se habían unido y, metro a metro, habían ido recorriendo Albia desde la frontera hasta Herrengarde, donde habían golpeado con todas sus fuerzas a la Legión XII. Por suerte, Tiberius había logrado mantener la ciudad y reducir su número, pero no frenarlos. El ejército del Espectro había seguido su avance hasta alcanzarnos y tras dos días de aparente paz habían alcanzado nuestra posición.
Claro que nosotros no nos habíamos quedado de brazos cruzados. En cuanto nuestros exploradores habían divisado las primeras filas del enemigo por los alrededores, Vespasian había decidido actuar. La VII no iba a esperar a que la I cayese sobre ella: atacaría primero, y para ello habíamos recibido una ayuda extra procedente del Paso de Cartana. Una ayuda que, en forma de señores de la Tormenta, había caído sobre el ejército del Espectro, causando grandes estragos y abriéndonos el camino para que el resto atacásemos sin piedad alguna.
No era la primera vez que me enfrentaba a un Pretor de la Casa de las Espadas. Después de mi encontronazo con Tristan Reiner en Gherron, sabía a lo que me atenía. Aquella gente era pura energía, pura fuerza bruta y rapidez. Agentes nacidos de la guerra preparados para acabar con su adversario costase lo que costase. Eran, sin lugar a dudas, uno de los peores enemigos con los que te podáis enfrentar.
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Hijos de la Noche
FantasyEl Imperio de Albia, la mayor potencia militar y económica, ha dominado gran parte de este mundo sin rival durante casi 2.000 años, pero ahora nuevos enemigos aparecen para desafiar su supremacía... tanto desde el exterior de sus fronteras como desd...
