Capítulo 79

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Capítulo 79 – Aidan Sumer, 1.817 CIS (Calendario Solar Imperial)




Si alguien me hubiese dicho que aquel desierto sería el escenario que volvería a ver unida a la Unidad Sumer, no me lo habría creído. Antes habría imaginado una expedición a Talos, como en los viejos tiempos, o algún tipo de celebración en Ballaster. Incluso me habría visto rodeado de ellos en alguna recepción real. Nadie se atrevía a decirle que no al Emperador Kare Vespasian. No obstante, la realidad era la que era. El desierto nos había vuelto a unir, y aunque el motivo por el cual viajábamos era terrible, lo cierto era que agradecía enormemente poder volver a disfrutar de mis hijos, tanto los de sangre como los que no.

Marcus había advertido que el viaje iba a ser duro y no nos engañó. Desde el primer día Dynnar había querido ponernos a prueba con fuertes ventiscas y temperaturas extremas, bandidos ocultos tras las dunas y ataques nocturnos de alimañas salvajes cuyo objetivo principal era la más débil del grupo, mi hija, pero por el momento no había podido vencernos. Unidos éramos mucho más fuertes que él.

Pero aunque de momento hacíamos frente al enemigo natural, el reto estaba resultando mucho más complicado de lo que habíamos imaginado. Durante el día avanzábamos en pequeños grupos con Marcus y Damiel al frente, abriendo paso. De vez en cuando se detenían para consultar el mapa que Giordano llevaba consigo, pero ni tan siquiera la posición de las estrellas le ayudaba a orientarse. El desierto jugaba con él, tratando de confundirlo. Por suerte, su conocimiento del terreno era tal que no necesitaba más que dejarse llevar por el instinto para seguir adelante con seguridad. Sin duda, el nombre del Señor del Desierto encajaba a la perfección con él.

Tras ellos iban Diana y Jyn. La "Reina de la Noche" hacía todo lo que podía para que su prima pudiese mantener el ritmo, pero la naturaleza de mi hija se lo impedía. El cansancio la obligaba a detenerse cada ciertas horas, con los músculos agarrotados y la garganta seca. A veces, incluso, mareada. Por suerte, a nadie parecía importarle tener que parar por ella. En el fondo todos estábamos agotados, consumidos por el calor sofocante y el cansancio acumulado, por lo que cada parada nos servía para recuperar parte de las fuerzas.

Lyenor sostenía la teoría de que el desierto nos estaba atacando a cada uno de una forma diferente; que aunque Jyn fuese la más débil de todos en apariencia, no estaba del todo en desventaja en relación al resto de Pretores, y en cierto modo tenía razón. Era innegable que nuestra condición física era superior y que, por lo tanto, llevábamos mejor el viaje que ella, pero había que admitir que la ausencia del Sol Invicto nos estaba dañando. En aquellas tierras mágicas nuestro Dios no tenía cabida, y con cada paso que dábamos y nos alejábamos más y más de sus tierras, lo notábamos. La Magna Lux se debilitaba en nuestros pechos, y con ella todas aquellas capacidades que nos convertía en lo que éramos.

Misi y Lansel iban tras Jyn y Diana, vigilando los flancos del grupo. De vez en cuando se adelantaban o retrasaban para charlar con el grupo de Diana o el de cola, pero la mayor parte del tiempo estaban atentos a cuanto nos rodeaba, expectantes ante un inminente ataque. Gracias a ellos habíamos podido defendernos de ocho grupos de bandoleros y de cinco manadas de bestias salvajes hambrientas, por lo que su papel en el grupo era clave. Sin ellos, las batallas probablemente habrían sido vencidas igualmente, pero no sin mucho más esfuerzo.

Por último, Lyenor y yo cerrábamos la comitiva, vigilando las espaldas de los jóvenes componentes de la Sumer. No diré que estaba siendo un viaje de placer para nosotros, pues no era del todo cierto, pero estábamos disfrutando de la experiencia. Después de mucho tiempo volvíamos a compartir horas juntos, alejados del Imperio que con tanto interés parecía querer separarnos, y estábamos aprovechando al máximo la experiencia. Hablábamos, reíamos, recordábamos viejos tiempos y, cuando caía la noche, siempre y cuando no tuviésemos que hacer guardia, aprovechábamos para recuperar el tiempo perdido contemplando las estrellas, compartiendo confidencias al oído y abrazándonos hasta quedarnos dormidos.

Hijos de la NocheHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora