Capítulo 88 – Aidan Sumer, 1.818 CIS (Calendario Solar Imperial)
Algo iba mal. La sensación de estar a la deriva en mitad de un océano revuelto me había acompañado a lo largo de las dos jornadas de viaje, martilleando mi mente en todo momento, tratando de llenarla de extraños pensamientos e ideas. Alguien parecía interesado en susurrarme al oído; en que me dejase llevar. Por suerte, estaba entrenado para ignorarlo. Mi autocontrol era muy superior al de la mayoría de Pretores y en momentos como aquél se hacía evidente. Aunque no lo hubiese hecho abiertamente, el Bosque nos estaba atacando. Intentaba envenenar las mentes de mis hombres, y aunque por el momento solo lo hacía para divertirse, volviéndonos a todos locos con sus travesuras, lo cierto era que temía que tarde o temprano fuese a más. Los Sumer no éramos bienvenidos en el Reino de los Señores del Sueño, y así me lo hacían saber a cada momento.
Pero como digo, algo iba mal. Peor de lo habitual, para ser más concretos. La noche había empezado muy tranquila, con Lansel y Diana cumpliendo el turno de guardia, pero alcanzadas las tres de la madrugada, con Lyenor y conmigo sustituyéndolos, las cosas habían empezado a cambiar. El hasta entonces silencio total y absoluto se había roto con el sonido de un inquietante tañido de campana que poco a poco había ido aumentando de volumen. Primero había sido algo lejano, muy lejano, poco más que un susurro en el viento, pero tras varios inquietantes minutos de tensión el sonido se había apoderado de la mente de todos, arrancando a mis chicos de su sueño.
Ordené a la Unidad que se pusiera en alerta. No quería que abandonasen la luz de la hoguera ahora que la oscuridad había devorado cuanto nos rodeaba, pero no era buena idea quedarnos quietos. El Bosque estaba mandando señales de que pronto algo sucedería y no estaba del todo seguro de querer descubrirlo. Así pues, consciente de que fuesen cuales fuesen nuestros movimientos era posible que cayésemos en una trampa, pedí a mis hombres que se quedasen junto a las llamas mientras que Lyenor y yo nos adentrábamos en el bosque en busca del origen del tañido.
Recuerdo el sonido de mis pies al avanzar sobre el suelo cada vez más embarrado. Resultaba irónico que la oscuridad pudiese cegar a un hijo de la Casa de la Noche, pero estaba totalmente ciego. Me movía a tientas, basándome en lo que dictaba mi instinto. Un paso aquí, otro allí; un giro en un recodo invisible, unos metros en cuclillas y, como si mi propia mente lo crease, ante nosotros apareció un empinado desfiladero al final del cual tan solo aguardaba niebla.
Nos agachamos para intentar ver más allá de la nube blanca.
—Ahí hay algo... ¿lo ves, Aidan?
No, pero no tardé en verlo. Un brillo dorado surgió entre las nubes. Se trataba de una luz muy débil, apenas un destello que intentaba abrirse paso entre las sombras; una fuerza que, desde las profundidades de Nymbus nos llamaba.
Nuestros fragmentos de Magna Lux vibraron con fuerza.
—¿Lo notas? —me preguntó, aunque ambos sabíamos la respuesta.
Asentí con la cabeza, precavido, y me acerqué aún más al límite del desfiladero. Oculta hasta entonces aguardaba una escalerilla de mano. Comprobé el mecanismo con el que estaban ambos extremos estaban anclados al suelo y con la ayuda de Lyenor aseguramos que pudiese soportar nuestro peso. Una vez confirmado, iniciamos el descenso.
Sentí una mezcla de emociones durante la bajada. Durante los primeros metros estaba demasiado preocupado con no caer como para poder pensar en nada más, pero superado el primer momento una avalancha de sensaciones acudió a mi mente. Primero la volar, con aquella presión que siempre me acompañaba en el pecho al sentir que estaba retando al Sol Invicto; después la de navegar en un océano de niebla. De vez en cuando una suave brisa acariciaba mi rostro, y lo hacía con los finos dedos del pasado. Sobre mí sentía el latido de la Magna Lux de Lyenor, pero unos metros por debajo, acompañando al esfuerzo con jadeos, sentía la de mi hermano Jarek. Lo notaba delante de mí, abriéndome paso... protegiéndome. Velando por mi seguridad, tal y como había hecho hasta la muerte. Incluso creía poder oír su voz murmurando maldiciones entre dientes.
ESTÁS LEYENDO
Hijos de la Noche
FantasyEl Imperio de Albia, la mayor potencia militar y económica, ha dominado gran parte de este mundo sin rival durante casi 2.000 años, pero ahora nuevos enemigos aparecen para desafiar su supremacía... tanto desde el exterior de sus fronteras como desd...
